La ciudad de La Quiaca vivió un acto profundamente emotivo en el marco de un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas, con la presencia del excombatiente Juan Gerónimo, nacido en San Sana Sur, quien dejó un mensaje cargado de patriotismo, memoria y esperanza para las nuevas generaciones. Orgulloso de estar en su tierra, el veterano reafirmó el compromiso irrenunciable con la causa Malvinas y recordó, con la autoridad de quien estuvo allí, que la paz debe ser siempre el camino, aunque la patria exija estar preparados para defenderla.
La Quiaca, 2 de abril del 2026 // La Quiaca volvió a abrazar la causa Malvinas con la emoción de los pueblos que no olvidan. En un nuevo aniversario de la guerra, la comunidad quiaqueña vivió un acto cargado de sentimiento patriótico, memoria y gratitud, con la presencia de Juan Gerónimo, excombatiente nacido en San Sana Sur, quien fue una de las voces más conmovedoras de la jornada.

Con serenidad, orgullo y la profundidad que solo da la experiencia de haber estado cara a cara con la guerra, Gerónimo expresó su felicidad de volver a compartir esta fecha en la tierra donde nació. Dijo sentirse “muy contento” y “muy orgulloso” de estar en La Quiaca junto a su pueblo, participando de un acto que definió como profundamente emotivo.

Su mensaje tuvo un peso especial porque no habló desde la teoría ni desde la distancia. Habló como protagonista. Y desde ese lugar dejó una reflexión contundente: la guerra es algo que debe evitarse siempre que sea posible, y la vía diplomática debe ser el camino para resolver los conflictos entre naciones. Pero al mismo tiempo recordó que, si la patria lo exige, hay que estar dispuestos a luchar como lo hicieron aquellos camaradas que quedaron para siempre en Malvinas.

Gerónimo remarcó que cada vez que los veteranos tienen la posibilidad de hablar frente a un micrófono, intentan transmitir esa enseñanza con claridad: que nadie desea volver a vivir el horror de una guerra, porque ellos conocen de primera mano lo que significa. Sin embargo, también reafirmó que el amor por la patria y el deber de defenderla siguen siendo valores irrenunciables.
Uno de los momentos más fuertes de su intervención llegó cuando fue consultado sobre el mensaje que debía dejarse a los jóvenes y adolescentes de hoy, que muchas veces parecen más alejados de la sensibilidad patriótica de otras generaciones. Allí, Juan Gerónimo volvió a mostrar estatura moral y visión histórica. Señaló que las generaciones cambian, pero que la responsabilidad de sostener la causa Malvinas debe pasar de unas manos a otras. Explicó que su generación tuvo la enorme responsabilidad de participar en la guerra, que hicieron lo que pudieron con lo que tenían, y que ahora dejan la posta a la juventud para que continúe esa lucha nacional hasta que Malvinas vuelva a flamear con la bandera argentina.
Ese pasaje condensó el sentido más profundo del acto en La Quiaca: no se trató solo de recordar una guerra pasada, sino de renovar una conciencia colectiva sobre la soberanía, la memoria y la continuidad histórica del reclamo argentino.

También hubo lugar para el testimonio personal. Consultado sobre lo que significó enfrentarse al enemigo y atravesar las condiciones extremas del conflicto, Gerónimo explicó que la guerra es una experiencia muy difícil de describir, y que cada veterano carga con vivencias distintas. En su caso, recordó su paso como marino, durante 33 días a bordo del destructor Santísima Trinidad con un helicóptero, mientras otros combatientes soportaban en tierra el avance británico en condiciones durísimas. También destacó el desempeño de la Fuerza Aérea Argentina, a la que atribuyó verdaderas lecciones de táctica, patriotismo y coraje.

La Quiaca escuchó esas palabras con el respeto que merecen quienes pelearon por la soberanía nacional. Y en ese acto se volvió a confirmar algo que en la ciudad fronteriza se vive con especial intensidad: Malvinas no es una fecha lejana ni una consigna vacía. Es una causa viva, una herida abierta y un compromiso moral con quienes combatieron y con quienes ya no volvieron.
Juan Gerónimo, hijo de esta tierra de altura, cerró su participación con un abrazo grande al pueblo de La Quiaca. Pero en verdad dejó algo más que un saludo: dejó un mandato. Recordar. Honrar. Defender la paz. Y sostener, generación tras generación, la convicción de que Malvinas sigue siendo una causa de todo el pueblo argentino.
