La inminente reunión entre los nuevos concesionarios y el intendente Dante Velázquez marca un punto de inflexión: por ley, el municipio forma parte del esquema de administración de la Zona Franca, y La Quiaca ya no será espectadora. El proyecto avanza con respaldo provincial, pero con un dato político central: sin la licencia social construida por Velázquez, nada de esto estaría ocurriendo.
La Quiaca, 14 de abril del 2026 // La Zona Franca de La Quiaca vuelve a escena, pero esta vez no como promesa sino como proceso real. La apertura de sobres y la aparición de un oferente de peso económico no son un punto de partida, sino la consecuencia de un trabajo silencioso que comenzó mucho antes en el territorio. Mientras el ministro Juan Carlos Abud Robles destacó el carácter estratégico e innovador del proyecto, la clave profunda está en otro lado: esta vez, La Quiaca está adentro. Y eso cambia todo.
Durante años, el proyecto naufragó por falta de consensos, tensiones políticas y una comunidad que no se sentía parte. Esa historia explica por qué lo de hoy es distinto. Dante Velázquez entendió que no hay desarrollo posible sin legitimidad social y decidió construirla desde el primer día de su gestión. Barrio por barrio, institución por institución, fue transformando la desconfianza en expectativa. “La Zona Franca no puede ser algo que venga de afuera: tiene que ser de los quiaqueños”, sintetiza el espíritu de su estrategia.
Ese trabajo hoy muestra resultados concretos. No solo porque la comunidad acompaña, sino porque el municipio ocupa un lugar institucional clave: la normativa de zonas francas establece la participación local en los esquemas de administración, lo que implica que el intendente no es un actor secundario, sino parte de las decisiones. En ese marco, la próxima reunión entre los concesionarios —entre ellos la firma International Free Zone— y Velázquez no es protocolar: es fundacional. Allí se empezará a definir cómo se traduce la inversión en desarrollo real para la ciudad.
En paralelo, La Quiaca no se quedó esperando. Con recursos propios, esfuerzo comunitario y gestión municipal, se avanzó en infraestructura, servicios, conectividad y planificación urbana. Cloacas, desagües, pavimento, turismo, cultura y logística empiezan a dibujar un perfil distinto: el de una ciudad que se prepara para ser nodo regional. A esto se suman los acuerdos internacionales firmados por Velázquez con ciudades de Bolivia, Chile e incluso proyecciones hacia el sur del Perú, consolidando una red que anticipa el rol geopolítico que La Quiaca puede asumir.
La conclusión es clara y tiene nombre propio. La Provincia y la Nación pueden habilitar el marco, pero los cimientos son quiaqueños. Sin licencia social, no habría Zona Franca. Sin comunidad, no hay desarrollo. Y sin conducción política, no hay destino. Dante Velázquez logró articular esas tres dimensiones y hoy coloca a La Quiaca frente a una oportunidad histórica: dejar de ser frontera periférica para convertirse en plataforma internacional, con su gente como protagonista.
