La Zona Franca de La Quiaca dejó de ser una promesa abstracta y empezó a tomar forma concreta. Con licitación abierta, un único oferente que superó la instancia administrativa y el nombre de The Falic Group orbitando como potencial administrador global, el proyecto ya encendió esperanzas y alarmas en todo el NOA. Para La Quiaca, la Puna y Jujuy, la discusión ya no es si habrá impacto: la discusión es cómo convertir esta oportunidad histórica en desarrollo local real. La Provincia lanzó la licitación en febrero y abrió sobres el 7 de abril para la concesión de construcción, explotación y administración del régimen especial.
La Quiaca, 21 de abril del 2026 // La Quiaca está ante una oportunidad que muy pocas ciudades del norte argentino tuvieron alguna vez: dejar de ser sólo frontera para convertirse en plataforma. Plataforma de comercio, de servicios, de logística, de gastronomía, de turismo y de nuevas inversiones. La Zona Franca minorista e industrial puede ser, en términos económicos, lo que Vaca Muerta fue para la energía: un motor que reorganiza expectativas, atrae capital y obliga a toda una región a repensarse. No porque reparta riqueza por arte de magia, sino porque cambia la escala del juego.
El dato político y empresarial que encendió el debate lo dio Alberto Siufi. Según su explicación pública, el único oferente que se presentó es un grupo con presencia en 23 países, alrededor de 250 tiendas minoristas y unos 6.000 empleados, y dejó planteado que todo indica que será quien administre el esquema. Ese perfil coincide con el tamaño internacional de The Falic Group / Duty Free Americas, que se presenta corporativamente como operador de más de 250 tiendas, con más de 6.000 empleados y presencia en 21 países. Aun así, formalmente la Provincia sólo confirmó hasta ahora que hubo un único oferente que cumplió con la instancia administrativa, por lo que el proceso de adjudicación debe completar sus pasos legales.
Pero más importante que el nombre del administrador es la magnitud de lo que viene. La Zona Franca fue diseñada con régimen de venta minorista y ventajas impositivas capaces de volver a La Quiaca un gran imán comercial. El Gobierno provincial informó que la franquicia prevista será de USD 600 por persona, acumulable por grupo familiar, dentro de un esquema pensado para dinamizar importaciones, exportaciones y comercio de frontera. Eso significa más movimiento, más tránsito, más demanda de hotelería, más gastronomía, más reparación de vehículos, más depósitos, más servicios auxiliares y más presión para que el empresariado local se reorganice.
Y ahí aparece la clave que muchas veces Buenos Aires no entiende, pero La Quiaca sí: esto no se sostiene sólo con decretos ni con marketing institucional. Esta gesta fue posible porque hubo que construir licencia social, convencer a la comunidad de que no se trataba de un enclave aislado, sino de una oportunidad compartida. En ese terreno, el intendente Dante Velázquez jugó un papel decisivo como gestor y articulador regional, ayudando a ordenar expectativas, traducir el proyecto al lenguaje del territorio y sostener el consenso local imprescindible para que la iniciativa avance sin romper su vínculo con la comunidad. La misma Municipalidad de La Quiaca presentó el lanzamiento de la licitación como un hecho “histórico” y como parte de una estrategia para consolidar a la ciudad como polo logístico y comercial de la Puna.
La advertencia de Siufi, en ese sentido, fue tan cruda como realista: el administrador es una cosa; lo que haya adentro tiene que ser jujeño. El mensaje no es retórico. Si los empresarios de Jujuy no se mueven, otros ocuparán ese lugar. La Provincia ya había planteado en el lanzamiento que quería “hacer gran hincapié” en que la riqueza la generen empresarios locales. Y allí está el gran desafío: que la Zona Franca no sea una vidriera internacional plantada en suelo puneño, sino una palanca para que proveedores, comerciantes, transportistas, gastronómicos y emprendedores jujeños se integren al nuevo circuito económico.
La Quiaca, entonces, es la principal beneficiaria potencial. Pero el beneficio no será automático. Requerirá rutas, conectividad, financiamiento, formación empresarial, orden logístico y una política agresiva para que la renta de servicios quede, en la mayor medida posible, en manos locales. Si eso se logra, la ciudad puede pasar de periferia histórica a centralidad regional. Y si no se logra, el riesgo será otro: ver pasar una revolución desde la vereda, mientras otros capturan el negocio. Por eso esta hora exige menos contemplación y más estrategia. La Zona Franca ya empezó a cambiar la conversación económica del NOA. Ahora falta que La Quiaca, la Puna y Jujuy consigan que también cambie su destino.
