El intendente Dante Velázquez defendió la histórica Diana de Honor de La Quiaca luego de una expresión crítica realizada por un vecino en redes sociales. El jefe comunal sostuvo que esta ceremonia patria no pertenece a una gestión ni a una persona, sino a la memoria profunda de la ciudad, y remarcó que sostenerla es un deber institucional, comunitario y cultural.
La Quiaca. El intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, salió al cruce de una declaración poco feliz realizada por un ciudadano en redes sociales respecto de la tradicional Diana de Honor, una de las ceremonias más representativas del calendario patrio quiaqueño.
Lejos de plantearlo como una discusión menor, Velázquez ubicó el tema en el terreno de la identidad local, los usos y costumbres de la ciudad, y el respeto por una tradición que atraviesa generaciones.
“La Diana de Honor no se hace en cualquier lado. Es un hecho más que significativo, un hecho patrio que solamente se vive en la ciudad de La Quiaca”, afirmó el intendente.
Para Velázquez, la ceremonia no responde a una decisión personal ni a una ocurrencia de la gestión de turno. Por el contrario, se trata de una práctica histórica profundamente arraigada en la vida institucional y comunitaria de la ciudad.
“No se trata de quién está de turno. Es respetar lo que históricamente siempre se ha hecho en La Quiaca”, remarcó.
La Diana de Honor implica comenzar la jornada patria desde muy temprano, con la presencia de la Banda de Música Municipal, autoridades, comunidades, gauchos, vecinos y representantes institucionales que recorren las calles al amanecer para rendir homenaje a la Patria.
En una ciudad de frontera, donde muchas veces el frío y la altura imponen condiciones difíciles, participar de esa ceremonia no es una carga, sino un honor.
Velázquez sostuvo que caminar por las calles junto a la banda, con temperaturas bajo cero y en plena madrugada, forma parte de una forma profunda de hacer patria desde el norte argentino.
Por eso cuestionó las miradas que, según expresó, desconocen el valor simbólico de la tradición quiaqueña.
“Ir en contra de los ejes rectores de la historia, desconocer los usos y costumbres de nuestra sociedad, es prácticamente vivir en otro planeta”, sostuvo.
El jefe comunal también planteó que este tipo de críticas terminan fragmentando innecesariamente a la comunidad en torno a símbolos que deberían unir, especialmente en fechas patrias.
La Quiaca vive el 25 de Mayo de una manera particular. No se trata solamente de un acto protocolar. Es una celebración popular, cívica y profundamente emotiva, donde la ciudad reafirma su pertenencia nacional desde la frontera norte.
En ese marco, la Diana de Honor ocupa un lugar central.
Es la apertura simbólica de una jornada que recuerda la historia argentina, pero también la continuidad de una identidad local que se transmite de generación en generación.
Velázquez dejó en claro que el municipio seguirá sosteniendo esta tradición, no como una imposición, sino como una responsabilidad histórica.
Porque para La Quiaca, la Diana de Honor no es solo música al amanecer. Es memoria, respeto, soberanía y orgullo de frontera.
