El director de Deportes de la Municipalidad de La Quiaca, Félix Galindo, trazó un diagnóstico amplio sobre el presente y el futuro del deporte local. Destacó el crecimiento de las escuelas municipales, la necesidad de multiplicar la competencia para niños y jóvenes, el potencial de disciplinas individuales como taekwondo, atletismo y natación, y la transformación del Centro de Alto Rendimiento. También dejó una definición central: el éxito deportivo no puede medirse solamente por los campeonatos, sino por la capacidad de formar, incluir y sostener a cada chico dentro de un proceso.
La política deportiva municipal atraviesa una nueva etapa. Galindo explicó que durante el primer año de gestión se trabajó en construir las bases, fortalecer las escuelas y organizar a los profesores, mientras que el desafío actual es incorporar mayor volumen de competencia. La prioridad continúa siendo el deporte formativo, porque alcanzar niveles de alto rendimiento en disciplinas colectivas requiere continuidad, planificación y tiempo.
El funcionario reconoció que la ubicación geográfica de La Quiaca representa una dificultad concreta. Para competir regularmente en básquet, vóley o fútbol, las delegaciones deben recorrer grandes distancias y afrontar costos elevados. “Tenemos que ser conscientes de dónde nos encontramos, dónde estamos ahora, dónde queremos llegar y por qué”, sostuvo al describir una realidad que obliga a pensar estrategias regionales y un crecimiento gradual.
Por esa razón, la Dirección de Deportes comenzó a impulsar encuentros con Humahuaca, Abra Pampa y otras localidades de la Quebrada y la Puna. El objetivo es que los chicos salgan, acumulen experiencias y puedan competir con mayor frecuencia. La dificultad aparece en la dimensión de las escuelas: movilizar entre 100 y 120 alumnos no tiene el mismo costo ni la misma complejidad que trasladar un equipo reducido.
Galindo remarcó que la intención es que todos tengan oportunidades. Dentro de una escuela conviven chicos con proyección competitiva, otros que atraviesan un proceso de aprendizaje y muchos que encuentran en el deporte una actividad recreativa, social y saludable. La responsabilidad de los profesores consiste en reconocer esas diferencias sin expulsar ni desalentar a nadie.
“Tenemos que tratar de que ese niño siga jugando”, afirmó. La frase sintetiza una mirada que coloca la permanencia del chico por encima del resultado inmediato. Para el director, el deporte puede volverse injusto cuando únicamente selecciona a los mejores y deja afuera a quienes necesitan más tiempo para aprender, madurar o descubrir sus verdaderas capacidades.
El trabajo también exige un diálogo permanente con las familias. Galindo señaló que algunos padres acompañan activamente, otros trasladan a sus hijos sus propias frustraciones deportivas y algunos cuestionan las decisiones técnicas o pretenden que los niños compitan sin haber cumplido previamente con el proceso de entrenamiento. Los profesores deben explicar que una lista de torneo tiene límites y que la ausencia de un jugador no siempre responde a una exclusión arbitraria.
La Escuela Municipal de Fútbol refleja esa complejidad. Cuenta con alrededor de 190 alumnos, pero determinadas competencias permiten presentar solamente 12 jugadores por categoría. Ante esa diferencia, el municipio busca sostener torneos locales donde todos puedan jugar y, al mismo tiempo, seleccionar delegaciones para eventos externos sin abandonar la misión formativa.

Galindo fue contundente al separar formación de exitismo. “Formar no se trata de ganar, se trata de formar en todos los valores”, expresó. Aprender a perder, respetar al compañero, compartir la pelota y comprender que siempre puede existir alguien con mayores condiciones también forman parte de la educación deportiva. Para el funcionario, el verdadero triunfo aparece cuando un equipo construido durante años logra crecer sin renunciar a sus bases.
En las disciplinas individuales, La Quiaca tendría posibilidades más rápidas de alcanzar niveles de excelencia. Galindo mencionó el camino abierto por el taekwondo y señaló que el atletismo y la natación podrían desarrollar proyectos de alto rendimiento. La altura, el biotipo de los corredores y la tradición de resistencia de los jóvenes puneños representan una ventaja que necesita planificación, entrenadores especializados y continuidad.

La otra gran apuesta es la renovación del Centro de Alto Rendimiento. Galindo recordó que la cancha cubierta presentaba un deterioro profundo, con maderas dañadas, clavos expuestos y sectores donde la pelota ya no rebotaba correctamente. La obra en ejecución contempla un nuevo piso, iluminación, mejoras internas y un sistema de calefacción que permitirá utilizar el espacio durante el invierno.
El nuevo piso estará a cargo de una empresa especializada que trabajó en instalaciones deportivas de Salta y presentó tecnología de primer nivel. Según explicó Galindo, la madera comenzará a llegar para iniciar la colocación, mientras continúan la pintura y las restantes intervenciones. “Cuando el intendente dice algo, lo cumple”, señaló al destacar el respaldo de Dante Velázquez a la inversión.
La visión municipal apunta a convertir al CEAR en un verdadero polo deportivo regional. Galindo considera que La Quiaca posee cancha de césped, gimnasio, pileta, tenis y espacios alternativos capaces de atraer delegaciones de Bolivia y del norte argentino. La cercanía con Potosí, donde se disputan competencias sudamericanas e internacionales, abre la posibilidad de recibir equipos para pretemporadas y entrenamientos en altura.

“Era un elefante dormido, porque teníamos todo”, expresó al describir el potencial del complejo. La infraestructura ya existía, pero necesitaba inversión, mantenimiento y una estrategia que permitiera posicionarla. El objetivo ahora es ofrecer instalaciones adecuadas, recibir competencias y construir una marca deportiva asociada a La Quiaca.
Para Galindo, las obras tienen un significado que supera al edificio. Después de aproximadamente 15 años de trabajo en el CEAR, ver su transformación representa “un sueño” para profesores que convivieron durante años con las limitaciones. La emoción, explicó, aparece al imaginar a los niños jugando en una cancha segura, calefaccionada y preparada para competencias de mayor nivel.
La propuesta deportiva de La Quiaca combina entonces dos caminos que deben complementarse: ampliar la inclusión en las escuelas formativas y crear condiciones para que quienes demuestren mayor potencial puedan avanzar hacia la competencia. No todos llegarán a la élite, pero todos deben encontrar un lugar para jugar, aprender y construir valores.
