La segunda edición de la Kermés de Nivel Inicial de Región 1 reunió a jardines de La Quiaca en una jornada donde niños, docentes y familias compartieron producciones, juegos, arte, educación física y experiencias pedagógicas. La actividad permitió además presentar la oferta educativa y las preinscripciones para salas de 3, 4 y 5 años, reafirmando una idea esencial: educar desde los primeros años también significa construir comunidad y futuro.
La educación inicial volvió a ocupar un lugar central en La Quiaca con la realización de la segunda edición de la Kermés de los Jardines de Región 1, una propuesta que reunió a distintas instituciones para mostrar a la comunidad el trabajo desarrollado durante el año y, al mismo tiempo, acercar a las familias las alternativas disponibles para el próximo ciclo lectivo.
La jornada permitió observar mucho más que una exposición de trabajos. Alfabetización inicial, juegos matemáticos, música, educación física, arte, pintura y distintas producciones realizadas por los niños formaron parte de una muestra donde cada institución pudo compartir sus propias estrategias pedagógicas.
Entre los establecimientos participantes estuvo el JI 38 de la Escuela Nº 463. Yolanda, representante de la institución, explicó que ya se encuentran abiertas las preinscripciones para las salas de 3, 4 y 5 años.
La propuesta educativa contempla en el turno mañana las salas de 5 años A y B, mientras que durante el turno tarde funcionan las salas destinadas a niños de 3 y 4 años.
Pero uno de los aspectos más llamativos de la muestra estuvo relacionado con una experiencia desarrollada directamente por los pequeños: la huerta escolar.
Los niños participaron del proceso de siembra y comenzaron a observar los primeros resultados de aquello que cultivaron junto a sus docentes. La experiencia culminará antes de finalizar el año con la cosecha de papas, cebollas y otros productos que serán compartidos con las familias.
“Ellos pudieron sembrar y ya están viendo sus frutos. Pronto vamos a cosechar y después vamos a compartir lo que ellos mismos produjeron con las familias”, explicó Yolanda.

La actividad sintetiza una forma de educación que trasciende el aula. Los niños aprenden observando, experimentando, trabajando colectivamente y comprendiendo de dónde provienen los alimentos. Al final del proceso, aquello que comenzó colocando una semilla en la tierra terminará convertido en un encuentro entre alumnos, docentes y padres.
Desde la organización destacaron además que esta es la segunda edición de la Kermés de Región 1, con participación de los diferentes jardines, entre ellos Jardín Los Patitos.
La propuesta tiene una doble finalidad. Por un lado, realizar una suerte de cierre pedagógico del año, permitiendo que las familias conozcan lo aprendido y producido por los niños. Por otro, presentar la oferta educativa para que madres y padres puedan conocer las características de cada institución antes de decidir dónde inscribir a sus hijos.
“No se desmerece la función de ninguna institución porque cada una tiene su particularidad, sus métodos y sus formas de trabajar”, señalaron durante la jornada.
También quedó reflejado otro valor fundamental: el trabajo conjunto entre directivos y docentes. La intención de la Kermés no es establecer competencias entre jardines, sino generar un espacio donde las instituciones puedan compartir experiencias, estrategias y conocimientos.
La presencia de las familias fue especialmente reconocida. Son ellas quienes acompañan diariamente el proceso educativo y quienes pudieron observar en la muestra los aprendizajes alcanzados por sus hijos durante el año.

En una ciudad que piensa permanentemente cómo generar mejores oportunidades para las nuevas generaciones, la educación inicial constituye el primer escalón. Allí comienzan la socialización, la curiosidad, el aprendizaje colectivo y las herramientas que acompañarán a cada niño durante toda su trayectoria educativa.
La Kermés dejó así una imagen sencilla pero poderosa: niños mostrando orgullosos aquello que aprendieron, docentes compartiendo experiencias y familias participando activamente de la educación.
Porque construir el futuro de La Quiaca también comienza allí, en una sala de jardín, en un juego matemático, en una pintura o incluso en una pequeña huerta donde un niño descubre que aquello que sembró con sus propias manos puede crecer, dar frutos y finalmente ser compartido.
Esa quizás sea también una de las primeras grandes enseñanzas de la vida: sembrar, cuidar y comprender que los frutos llegan cuando existe trabajo, acompañamiento y comunidad.
