El Complejo Cultural Manka Fiesta fue sede de un encuentro organizado por el INTA, la Municipalidad de La Quiaca y la Universidad Nacional de Jujuy. La jornada reunió investigación, experiencias productivas y orientación sobre el acceso a la biodiversidad, con una premisa compartida: reconocer y conservar la riqueza de los cultivos ancestrales.
Las papas andinas y la quinua fueron protagonistas de una jornada de intercambio en el Complejo Cultural Manka Fiesta de La Quiaca, donde especialistas compartieron avances de investigación y respondieron consultas sobre producción, variedades y conservación. El encuentro también incluyó la presentación del libro “Papas andinas y quinua. Origen, actualidad y recetas de los cultivos ancestrales sudamericanos”, coordinado por Carlos Federico Marfil y publicado por EDIUNC.
María Florencia Barbarich, del INTA Abra Pampa, explicó que la actividad fue organizada conjuntamente con la Municipalidad de La Quiaca y la Universidad Nacional de Jujuy. El panel permitió acercar el trabajo de la Estación Experimental a productores y personas interesadas en estos cultivos, además de incorporar información sobre el marco normativo que regula el acceso a la biodiversidad.

El libro propone un recorrido que conecta el origen de las especies con sus usos actuales. Según describió Barbarich, aborda sus ancestros, la diversidad de variedades, experiencias de manejo y producción, y su valor gastronómico. Incluye experiencias de distintos territorios, entre ellos Perú y Mendoza, y acerca recetas que permiten reconocer cómo ese patrimonio agrícola sigue presente en la alimentación.
Durante la charla, Barbarich destacó el papel histórico de las comunidades andinas en la selección y conservación de las papas. Explicó que ese proceso comenzó antes del Imperio inca y que todavía pueden encontrarse parientes silvestres en campos del departamento de Yavi. También señaló que, detrás de nombres compartidos por distintas papas, las familias productoras reconocen diferencias que forman parte de un conocimiento transmitido entre generaciones. Identificar esas variedades y valorar los saberes locales contribuye a conservar una diversidad que no siempre recibe suficiente reconocimiento.

Otro eje del encuentro fue la orientación sobre los permisos y procedimientos necesarios para acceder al material biológico de las comunidades. La intervención del licenciado Diego Regondi, de la Secretaría de Biodiversidad y Desarrollo Sustentable de Jujuy, generó consultas sobre cómo actuar ante solicitudes de investigadores y qué documentación corresponde requerir. El intercambio permitió acercar información para que las comunidades puedan tomar decisiones con mayor conocimiento.
El panel contó también con el doctor Carlos Marfil, del INTA Mendoza, y la ingeniera Marisa Cartagena, de la Estación Experimental de Abra Pampa. Las preguntas abarcaron la posibilidad de desarrollar nuevas variedades y aspectos técnicos del manejo de los cultivos. Barbarich vinculó estas líneas de trabajo con el proyecto Raíces del INTA y expresó su expectativa de dar continuidad a encuentros de estas características.
La articulación entre el municipio, las instituciones científicas y las comunidades permitió que La Quiaca fuera escenario de una conversación sobre su patrimonio productivo y cultural. Conservar semillas también significa preservar conocimientos, formas de alimentación y posibilidades de producción para las próximas generaciones. La jornada acercó herramientas para ese propósito y puso en valor a quienes mantienen vivos los cultivos ancestrales en el territorio.
