Con el frío de la puna, una leve lluvia y el corazón puesto en la patria, La Quiaca vivió una nueva vigilia por Malvinas en la avenida Héroes de Malvinas, en homenaje a los veteranos y a los caídos de la guerra. La jornada reunió a vecinos, funcionarios, la Banda de Música Municipal y a tres excombatientes quiaqueños: Andrés Gerónimo, Roberto Toconas y Rubén Burgos, protagonistas de una noche cargada de emoción, memoria y sentimiento soberano.
La Quiaca, 1 de abril del 2026 // La noche cayó sobre La Quiaca con esa mezcla de gris, frío y viento que solo la puna sabe ofrecer. Pero esta vez no fue una noche cualquiera. Fue una noche de vigilia, de esas en las que el alma de un pueblo se reúne alrededor del fuego para recordar, agradecer y reafirmar una causa que no prescribe: Malvinas.
En la avenida Héroes de Malvinas, mientras una leve lluvia humedecía el aire y agudizaba el rigor del clima quiaqueño, comenzaron a llegar vecinos de distintos puntos de la ciudad. Y con ellos fueron tomando lugar también los verdaderos protagonistas de la jornada: los veteranos Andrés Gerónimo, Roberto Toconas y Rubén Burgos, tres nombres que en La Quiaca no remiten solo a personas, sino a coraje, entrega y patria viva.

La vigilia fue organizada con el acompañamiento de la Dirección de Cultura, a cargo de Gabriela Arrieguez, que preparó el espacio con la fogata encendida, mate cocido y tortillas fritas para recibir a la comunidad. Ese gesto simple, profundamente norteño y humano, le dio a la noche un tono de abrigo colectivo. En medio del frío puneño, el fuego no solo calentó las manos: calentó la memoria.

Luego fue la Banda de Música Municipal la que tomó el pulso de la jornada, llevando calor y emoción con sus acordes. La música sostuvo el espíritu de una noche que fue mucho más que una ceremonia. Fue un acto de conciencia nacional en el extremo norte argentino, donde la soberanía no se recita de memoria: se siente en la piel, en la altura, en la distancia, en la firmeza con la que La Quiaca honra cada año a quienes pelearon por las islas.
Hubo un momento especialmente conmovedor cuando, al final de la vigilia, los presentes entonaron junto a la banda el Himno Nacional Argentino y luego la Marcha de Malvinas. Allí la emoción se volvió casi tangible. Porque frente a la fogata, bajo el cielo duro de la puna y con los veteranos de pie entre el pueblo, el canto dejó de ser una formalidad para convertirse en una declaración de amor a la patria.
Los rostros de Andrés, Roberto y Rubén decían mucho, aun en silencio. En ellos estaba escrita aquella otra noche, la de hace décadas, cuando se les comunicó que debían partir hacia el sur, hacia el fin del mundo, para defender la soberanía argentina. En ese recuerdo se mezclan juventud, incertidumbre, arrojo y una obediencia dolorosa al llamado de la patria. Uno de los testimonios más fuertes fue el de Rubén Burgos, quien compartió con los presentes la voz, el eco y la memoria de aquel momento en que se les informó la misión que debían cumplir.

La Quiaca tiene con Malvinas un vínculo especial. Quizás porque vivir en esta ciudad, a 3.600 metros de altura, también supone una forma de entrega cotidiana. Aquí se aprende desde temprano que la patria no siempre es comodidad: muchas veces es sacrificio, resistencia y amor por una bandera que se sostiene incluso en las geografías más exigentes. Tal vez por eso el pueblo quiaqueño entiende tan profundamente la dimensión heroica de quienes combatieron en las islas.
La vigilia de esta noche volvió a confirmarlo. La Quiaca no recuerda Malvinas desde la distancia. La recuerda desde la emoción, desde la gratitud y desde una convicción inalterable: las islas fueron, son y serán argentinas. En esa certeza se abrazaron vecinos, músicos, funcionarios y veteranos, en una escena que honra a la ciudad y ennoblece su identidad fronteriza.
Hoy, cuando el calendario marque un nuevo aniversario de la guerra, La Quiaca llegará ya encendida por esta vigilia. Encendida por el fuego de la memoria. Encendida por la dignidad de sus héroes. Encendida por una patria que, en el norte extremo, sigue siendo honrada con la misma valentía con que aquellos soldados partieron a defenderla.
