El frío intenso y un clima recio obligaron a suspender el desfile cívico-militar previsto para este 17 de agosto en La Quiaca, pero no detuvieron el homenaje al General José de San Martín. Hubo izamiento de la bandera, cambio de guardia, Tedeum, ofrenda floral y un discurso del intendente Dante Velázquez que puso en el centro la memoria, la defensa de la patria y el deber de transmitir esos valores a las nuevas generaciones.

La jornada comenzó a las 9 de la mañana en la esquina de San Martín y Santa Fe. Allí se concentraron la Banda de Música Municipal, integrantes del gabinete y representantes institucionales para dirigirse luego hacia la Plaza Centenario. La Quiaca amaneció nublada, fría y silenciosa, con ese clima puneño que por momentos parece endurecer cada movimiento. Las condiciones obligaron a dejar de lado el desfile cívico-militar, pero el homenaje siguió adelante con el izamiento de la bandera y el cambio de guardia, en una escena sobria, marcada por el respeto y la solemnidad.

Por la tarde, a las 14:30, el intendente Dante Velázquez participó del Tedeum en la iglesia local. Desde allí, autoridades y vecinos se trasladaron hasta el busto del General San Martín para continuar con el acto central. El frío seguía presente, pero también una fuerte carga simbólica: en una ciudad que es frontera, hablar de patria, territorio y soberanía adquiere una dimensión especialmente concreta.

La ofrenda floral fue encabezada por Velázquez, acompañado por un niño de la agrupación infanto-juvenil José de San Martín, una imagen que resumió buena parte del sentido del acto: memoria y futuro unidos en un mismo gesto. Participaron además la secretaria de Gobierno, el concejal Silvano Velásquez, el concejal Escalante, el jefe de Gendarmería, el jefe de la Policía Federal y la directora del hospital, entre otras autoridades. La ceremonia no fue multitudinaria, pero sí cargada de institucionalidad y significado.

En su discurso, Velázquez volvió a recuperar la figura de San Martín no como un prócer distante, sino como un hombre de acción, sacrificio y convicciones. Recordó que el Libertador eligió la patria por encima de cualquier interés personal y que su mayor legado fue la defensa de la libertad, la soberanía y la unidad. “Hay que saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos”, fue una de las ideas que atravesó su mensaje, especialmente dirigido a la comunidad educativa y a los más jóvenes.

El intendente también enlazó la figura de San Martín con una advertencia sobre el presente. Reivindicó la necesidad de defender el territorio, los recursos y los intereses nacionales, y sostuvo que las nuevas generaciones deben comprender que la patria no se conserva sólo con discursos, sino con decisiones, compromiso y coraje. En ese punto, el homenaje dejó de ser meramente histórico para transformarse en una enseñanza política y cívica: defender el legado sanmartiniano significa también hacerse responsables de lo que se entrega a quienes vienen detrás.
La Quiaca cerró así un 17 de agosto distinto, sin desfile pero no sin memoria. El frío impidió parte del protocolo, pero no apagó el sentido profundo de la conmemoración. Entre banderas, guardias, oración y flores, quedó una imagen poderosa: un intendente ofreciendo un homenaje junto a un niño frente al busto del Padre de la Patria. Porque la memoria no se hereda sola. Se enseña, se honra y, sobre todo, se defiende.
