En el acto por el 176° aniversario del paso a la inmortalidad del General José de San Martín, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, pronunció un discurso de fuerte contenido histórico, político y patriótico ante instituciones, comunidad educativa y vecinos. Reivindicó al Libertador como ejemplo de coraje, soberanía y defensa del territorio, expresó abiertamente su identidad peronista y recuperó referencias de Juan Domingo Perón para cuestionar toda política que, a su entender, coloque recursos o tierras argentinas bajo intereses ajenos. El mensaje tuvo un destinatario central: las nuevas generaciones.
La ceremonia reunió a representantes institucionales, docentes, estudiantes, vecinos, excombatientes de Malvinas y a la Banda Municipal, que atraviesa su 50° aniversario. Velázquez abrió su intervención colocando a San Martín en una tradición popular y americana: “Algún día contará la historia que la patria fue hecha por los pobres, por los hijos de los pobres, por los indios y por los negros que nunca más volverán a ser esclavos”, expresó, para luego reconstruir distintos pasajes de la vida del Libertador y destacar valores como solidaridad, comunidad, preparación, disciplina y libertad.

El jefe comunal puso especial énfasis en un San Martín que no concebía la libertad como una declaración abstracta, sino como una construcción política, económica y territorial. Recordó su preocupación por la independencia efectiva y hasta por la defensa de las producciones regionales, utilizando ese recorrido histórico para vincular soberanía con desarrollo. También resaltó el vínculo del Libertador con sus hombres: “Él no los trataba como soldados, los trataba de compañeros”, señaló, describiendo una conducción basada en la exigencia, pero también en la pertenencia colectiva y en una causa superior.

La parte más encendida del discurso llegó cuando Velázquez llevó aquella historia al presente. “No solamente por ser orgullosamente peronista”, introdujo antes de recuperar una referencia de Juan Domingo Perón sobre San Martín y la construcción de una patria libre, justa y soberana. Según planteó, San Martín representa a quienes no retroceden frente a las dificultades ni buscan en terceros o en poderes extranjeros la solución de los problemas nacionales. Desde esa lectura cuestionó a quienes, en su opinión, comprometen tierras, recursos o intereses estratégicos del país buscando respuestas fuera de la propia capacidad argentina.

El mensaje adquirió entonces una dimensión especialmente dirigida a estudiantes y jóvenes. Velázquez pidió “honrar siempre a nuestros próceres, honrar siempre a nuestra patria, honrar siempre a nuestros mayores” y dejó una frase que condensó el sentido pedagógico del acto: “saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos”. La apelación no fue nostálgica. Buscó convertir la memoria histórica en una responsabilidad presente: defender territorio, identidad, recursos y soberanía como parte del legado que una generación entrega a la siguiente.

En tiempos donde las discusiones sobre recursos naturales, tierras, inversiones y soberanía atraviesan nuevamente la política argentina, el intendente eligió a San Martín como medida moral para observar esas decisiones. Su planteo fue claro: una Nación puede relacionarse con el mundo, comerciar e integrarse, pero no debería hacerlo renunciando a sus propios intereses. La figura del Libertador apareció así no sólo como protagonista de una efeméride, sino como una advertencia histórica frente a cualquier subordinación que pueda comprometer la capacidad de decidir sobre el patrimonio nacional.

La jornada terminó dejando una consigna que trascendió el homenaje. Para Velázquez, recordar a San Martín significa asumir que “nada es fácil, todo cuesta, pero lo tenemos todo” y que el desafío sigue siendo construir “una patria integrada con todos y entre todos”. En La Quiaca, puerta norte del país y territorio donde la palabra soberanía adquiere una dimensión cotidiana, el mensaje tuvo una fuerza particular: defender la patria no es solamente recordar a quienes la fundaron; es decidir, generación tras generación, que aquello que recibimos no se entrega, se protege y se engrandece.
