En su homenaje a José de San Martín, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, eligió una de las comparaciones más duras de toda su intervención: la diferencia entre quienes defienden la patria con sus propios recursos y quienes, por debilidad o conveniencia, buscan afuera lo que deberían construir adentro. Reivindicó al Libertador como símbolo de los hombres fuertes y apuntó contra quienes “recurren a terceros o al extranjero” comprometiendo tierras, intereses y soberanía. El mensaje no fue sólo histórico: fue una advertencia política para el presente.

Velázquez construyó su discurso sobre una idea central: la patria no se entrega, se defiende. Recordó a San Martín como un hombre que dejó todo por la libertad, que rechazó combatir a sus propios hermanos y que hizo de la soberanía una causa superior a cualquier partido. “Su partido era la patria”, señaló al reconstruir la figura del Libertador. Desde allí llevó el relato hacia una tensión que consideró decisiva: la existencia, en cada etapa histórica, de hombres capaces de sostener la Nación y otros dispuestos a buscar soluciones afuera aun a costa de los intereses propios.
En ese punto apareció Carlos María de Alvear como contrapunto. Velázquez lo presentó como un ejemplo de quienes, a su juicio, eligieron el camino opuesto al de San Martín: abandonar la defensa de lo propio y buscar respaldo externo. En su discurso recordó que Alvear se instaló en Brasil y lo acusó de intentar “vender las Provincias Unidas” y “vender los intereses” de la patria. La figura histórica le sirvió para construir una advertencia actual: hay momentos en los que una Nación debe decidir si confía en su propia capacidad o si resigna soberanía esperando que terceros resuelvan sus problemas.

La parte más elocuente llegó cuando Velázquez, definiéndose “orgullosamente peronista”, recuperó una referencia de Juan Domingo Perón sobre San Martín. Allí trazó la diferencia entre los “flojos” y los “hombres fuertes”. Según expresó, San Martín representaba a aquellos que no retrocedían y que no recurrían a potencias extranjeras para construir “una patria más libre, justa y soberana”. No habló de fuerza en términos físicos, sino de carácter político y moral: la fortaleza de asumir responsabilidades, defender los propios recursos y no delegar el destino nacional.
Velázquez endureció todavía más el mensaje al referirse a quienes, en tiempos difíciles, “recurren a otros” buscando una salida y terminan, según su interpretación, “vendiéndolo todo” y poniendo en riesgo las tierras argentinas. Su formulación fue frontal: calificó a esos comportamientos como propios de “vagos, cobardes y miserables”. Más allá de la dureza de las palabras, el concepto que quiso instalar fue claro: para el intendente, una dirigencia que abandona la defensa del territorio y de los recursos naturales renuncia también a una parte esencial del legado sanmartiniano.

Ese fue el núcleo político del homenaje. San Martín apareció no como una figura congelada en el bronce, sino como una medida para juzgar el presente. Hombres fuertes son, en la lectura de Velázquez, aquellos capaces de asumir costos, trabajar, defender la producción, proteger la tierra y sostener la soberanía. Flojos son quienes buscan atajos externos porque no confían en la capacidad de su propio pueblo. Y allí la referencia adquiere una fuerza particular en La Quiaca, una ciudad de frontera donde la soberanía no es una abstracción sino una experiencia cotidiana.
El mensaje terminó dirigido especialmente a estudiantes y nuevas generaciones: “honrar siempre a nuestros próceres, honrar siempre a nuestra patria, honrar siempre a nuestros mayores” y “saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos”. Velázquez cerró con una convicción que sintetizó todo su discurso: “Nada es fácil, todo cuesta, pero lo tenemos todo”. En esa frase quedó concentrada su arenga: la Argentina puede tener dificultades, pero no está obligada a arrodillarse. Tiene territorio, recursos, historia y pueblo. La pregunta, entonces, no es qué nos falta, sino si tendremos la fortaleza para defender lo que ya tenemos.
