Por primera vez en años, la esperanza se firma con tinta y compromiso en los márgenes olvidados de la ciudad.
La periferia de La Quiaca, históricamente postergada, acaba de escribir un nuevo capítulo en su historia con la firma de un convenio trascendental entre la Municipalidad y los vecinos del Barrio Estela Silos, que garantiza el inicio inmediato de obras de infraestructura básica como la conexión a la red eléctrica formal y la planificación para el acceso a agua, cloacas y alumbrado público.
El acuerdo fue rubricado por el intendente Dante Velázquez y la presidenta del barrio, Irma Puca, en un acto cargado de simbolismo y reparación. En el centro de la escena: 92 familias que, tras años de abandono, empiezan a ver respuestas concretas donde antes solo hubo promesas vacías.
“Fue una lucha constante, no aflojamos. Hoy tenemos el convenio firmado, los técnicos ya hicieron las inspecciones, y mañana mismo se presenta la documentación para empezar”, expresó con emoción Irma Puca. “Nos mandaron los profesionales que necesitábamos, con respeto, con compromiso. No venimos a pelear, venimos a trabajar por los vecinos”, remarcó.

El intendente Velázquez no esquivó el pasado reciente: “Durante cuatro años este barrio tuvo representantes en el Concejo Deliberante y en el gabinete municipal. Sin embargo, no hubo respuestas. Tuvieron la oportunidad y no resolvieron nada. Ahora, nosotros no venimos a echar culpas, venimos a hacernos cargo, con trabajo territorial, con relevamientos, con soluciones”.
El convenio surge tras una serie de reuniones técnicas, inspecciones y articulación directa con el equipo de obras públicas y energía del municipio. Uno de los ejes principales es evitar instalaciones precarias que puedan derivar en accidentes y garantizar el derecho a vivir con dignidad.
“Este no es un barrio más: es parte del predio de 34 hectáreas que comenzamos a urbanizar entre 2012 y 2015. Hoy retomamos esa tarea con más fuerza. Porque cada familia tiene el mismo derecho a vivir dignamente, ya sea en el centro o en las orillas de La Quiaca”, agregó el jefe comunal.
Las palabras más conmovedoras surgieron al mencionar a vecinos como don Juan Párraga, quien debe dializarse cada cuatro horas y no cuenta con luz eléctrica en su domicilio, o doña Natividad, una mujer longeva que dedicó su vida al barrio y que hoy empieza a ver materializarse el sueño de una vida mejor.
“Vamos a hacer la bajada de luz casa por casa. Vamos a regularizar el acceso al agua. Vamos a soñar con cloacas, cordón cuneta, pavimento. Pero sobre todo, vamos a estar ahí, presentes”, enfatizó Velázquez, subrayando que el Estado no puede ausentarse más en estos territorios.
El intendente también fue categórico frente a los abusos del pasado: “Quienes tuvieron lotes para resolver precariedades habitacionales y los usaron con otros fines, serán denunciados. Este proceso no es para los vivos, es para los que pelean todos los días por vivir mejor”.
Una nueva etapa comienza en La Quiaca.
Una etapa donde los márgenes ya no son sinónimo de olvido, sino de organización, trabajo y dignidad. Donde la política se convierte en herramienta real de transformación. Y donde, por fin, los vecinos dejan de pedir permiso para existir.
