En una conferencia que resonó como un grito desde la puerta norte del país, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, salió al cruce con vehemencia contra sectores del justicialismo jujeño, a quienes acusó de protagonizar un “ataque artero, mezquino y peligrosamente irresponsable” contra la institucionalidad de su gestión y la dignidad de todo el pueblo quiqueño.
El mandatario local fue categórico: “No me voy a poner a la altura de los difamadores seriales, pero no me voy a quedar callado cuando intentan instalar caos donde hay trabajo, convivencia y respeto”. El mensaje apuntó sin rodeos, aunque sin nombres propios, a un sector político que —según Velázquez— perdió las urnas y ahora intenta ganar mediante operaciones mediáticas miserables.
El intento de manipular la lucha por la igualdad
En el núcleo del conflicto está el uso de la situación de la ciudadana Rosalinda Ancasi, cuyo caso está en manos de la Justicia y no del municipio, como señaló Velázquez. El intendente denunció que se está utilizando una causa “noble como la igualdad de género” para montar un show político sin fundamentos:
“No todo vale por un titular en los medios. Usar la bandera de la igualdad para dañar a otros es una falta de respeto a las verdaderas luchas de las mujeres y del colectivo LGTBIQ+.”
El intendente anunció que enviará cartas documento a los responsables de las expresiones difamatorias, exigiendo retractación pública, y se comprometió a seguir defendiendo los derechos con hechos, no con panfletos.
El trasfondo: una oposición sin brújula
En tono encendido, Velázquez remarcó que hay sectores frustrados en el justicialismo provincial “fracasaron electoralmente y ahora buscan romper lo que queda en pie”, buscando generar ruido donde hay gestión, apelando a recursos ruines donde escasea la propuesta, debien primero hacer una autocrítica.
“La definición sobre la vacancia en el Concejo Deliberante, que podría corresponder a la Sra. Rosalinda Ancasi, es una cuestión que está siendo tratada por la Justicia. El intendente Dante Velázquez no tiene ni tuvo injerencia alguna en esa decisión institucional.”
La arremetida, lejos de debilitar al jefe comunal, parece haber fortalecido su legitimidad frente a una comunidad que valora la estabilidad por sobre la agitación partidaria. En tiempos donde los municipios del norte enfrentan desafíos monumentales, golpear institucionalmente desde el barro solo evidencia la desesperación de quienes han perdido el rumbo.
¿Y ahora qué?
Velázquez no solo se defendió: lanzó un mensaje estratégico a toda la política jujeña. La advertencia fue clara:
“No me someto a ataques con fines políticos. Me someto solo a las demandas del pueblo quiqueño.”
Desde el norte profundo, La Quiaca alza su voz frente a una política que se juega a la ruleta del escándalo. Mientras algunos apuestan a desgastar a los gobiernos locales con operaciones, Velázquez redobla su apuesta por el orden, el respeto y la construcción democrática.
La clase política debe tomar nota: el pueblo no quiere guerra de dirigentes, quiere soluciones. Y en eso, Dante Velázquez parece tener clara la hoja de ruta.
