En la jornada de hoy miércoles, la ciudad de La Quiaca vuelve a vivir una de sus prácticas más valiosas en tiempos de desafección política: el contacto directo, constante y sin intermediarios entre el Estado y el pueblo. Desde las 07:05 de la mañana y hasta las 23:00 horas, el intendente Dante Velázquez despliega su ya habitual maratón democrática de atención ciudadana, recibiendo a vecinos, dirigentes barriales, referentes comunitarios y todo aquel que se acerque con una inquietud, necesidad o propuesta para mejorar la ciudad.
“Esta es una jornada intensa, muy saludable para la democracia. Muy saludable para construir en comunidad y volver a mirarnos a los ojos”, expresó el intendente en diálogo con Radio Municipal. Su agenda no conoce pausas, pero sí prioridades: escuchar, comprometerse y construir respuestas desde el vínculo humano, cara a cara. “Nuestros abuelos nos enseñaban que muchas veces bastaba con estrechar las manos y mirarse para cerrar un acuerdo. Hoy seguimos ese legado”, reflexionó Velázquez.
La dinámica de estas reuniones trasciende lo administrativo. Se trata de recuperar el espíritu de lo común, ese tejido social muchas veces dañado por la desidia o la burocracia. En cada encuentro, se tejen no solo soluciones prácticas, sino también confianza. “Nos encontramos con vecinos que piden lo justo: trabajo, mejoras barriales, respuestas en salud, educación, acceso a servicios. Y desde la municipalidad estamos para eso, para acompañar, para dar la cara”, enfatizó.
La práctica de atención prolongada, iniciada en su primer año de gestión, se ha convertido en una verdadera política institucional. Es el “kilómetro cero” de un Estado que quiere estar presente, sin excusas ni mediaciones que alejan a los funcionarios de su gente. La ciudad de La Quiaca, la puerta norte de la patria, se consolida así como ejemplo de una democracia viva, cotidiana y territorial.
“La ciudad de las oportunidades —como le gusta llamarla al intendente— no se construye solo con obras. Se construye con gestos, con palabras, con escucha, con el alma puesta en cada vecino”, concluyó Velázquez, mientras la jornada seguía su curso con mate, manos apretadas y oídos atentos.
