Mientras el país entero amanece golpeado por la confirmación de la condena a Cristina Fernández de Kirchner, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, encendió una alarma federal que retumba más allá de la Puna jujeña. Desde la “puerta norte donde nace la Patria”, convocó a los intendentes del país a conformar una Mesa Federal en defensa de la democracia, en un mensaje encendido, dolido y contundente. La institucionalidad, dijo, “está en peligro real”, y “nos están tocando a todos”.
“Esto no es un fallo judicial: es un golpe artero contra el peronismo, contra el pueblo y contra la democracia. No se puede combatir una ideología a fuerza de sentencias express dictadas a pedido del poder real”, expresó con firmeza.
Un país herido… y silenciado
Velázquez fue más allá de la crítica formal. Denunció la quietud cómplice de parte de la dirigencia, y la cobardía de aquellos que “juegan a ser medianeros”, cuando el momento exige decisiones, posiciones claras, compromiso y coraje.
“Hay que dejar la tibieza, sentar posición. No puede ser que algunos medios anticipen con brillos de época de dictadura las decisiones de la Corte. No puede ser que condenen a quien fue presidenta, vicepresidenta, referente mundial. ¿Qué queda para el vecino de a pie? ¿Para el trabajador que no llega a fin de mes?”
Conmovido, denunció el abandono del Estado nacional y la realidad de miles de argentinos que hoy, siendo empleados públicos o privados, ya son indigentes. “La dignidad del salario está destruida. Hoy vivimos por debajo de la indigencia. Y el gobierno nacional parece solo ocupado en perseguir, dividir y consolidar privilegios”.
La convocatoria: reconstruir el poder desde abajo
En una declaración sin precedentes, Velázquez llamó a todos los intendentes del país —“ya no sólo peronistas, sino todos los que aún creen en la democracia”— a conformar una Mesa Federal, que se movilice, que eleve la voz y que ponga un freno al atropello institucional.
“Nosotros, los intendentes, somos el primer contacto con el pueblo. Tocamos la primera puerta. Si la democracia se rompe aquí abajo, no queda nada. Por eso, tenemos que unirnos. Y no es por Cristina, por Juan o por María. Es por todos. Nos están tocando a todos”.
El intendente también expresó su respeto por aquellas figuras que “se plantaron” —como Miriam Bregman, Cecilia Moreau o el Frente Renovador— y cuestionó a los ausentes, a los que “siguen calculando el costo político mientras el pueblo se desangra”.
“Este no es un ataque a una dirigente. Es una advertencia al pueblo entero”
Velázquez remarcó que la sentencia contra CFK no es un acto de justicia, sino una maniobra para disciplinar al peronismo y a cualquier espacio que se oponga al nuevo orden de los poderosos.
“No hace falta ser muy avisado para entender lo que está pasando. Nos dicen: si pudimos con ella, imaginen qué podemos hacer con ustedes. ¿Qué queda para el pequeño municipio, para la comuna aislada, para el trabajador que lucha solo cada día?”
Denunció también que la persecución política ya no distingue ideologías ni partidos, y que ha alcanzado incluso a los sectores más vulnerables: “Se han metido con la discapacidad, con las familias, con los jubilados. ¿Qué más falta?”
“Desde La Quiaca, el pueblo se pone de pie”
La voz de Dante Velázquez no fue una más. Fue la de un dirigente que conoce el hambre, que atiende vecinos hasta las once de la noche, que camina la calle y escucha el frío, la bronca, la desesperanza. Fue la voz de quien entiende que cuando los que gobiernan desde arriba juegan a la motosierra, los de abajo terminan desangrados.
“No se trata de estar con Juan, Pedro o María. Se trata de defender 40 años de democracia. Lo logrado no puede tirarse por la borda en un fallo exprés. No es contra Cristina: es contra todos nosotros. Y desde aquí, desde donde nace la patria, vamos a dar la pelea”.
El llamado fue claro: unidad, movilización, firmeza, acción. “No para romper la democracia, sino para salvarla”, dijo. El mensaje no se limita a lo jurídico. Es político, es existencial, es histórico. Y se inscribe, según sus palabras, en la estirpe de las revoluciones fundantes: la de los pueblos, la de las mujeres heroínas, la de los invisibilizados que día a día sostienen una ciudad.
Conclusión: cuando un intendente se vuelve tribuno
Dante Velázquez ha pasado de ser un jefe comunal del norte profundo a convertirse en una voz nacional. Porque cuando callan los grandes, hablan los que pisan barro. Y en un país que huele a destitución encubierta, a persecución con ropaje legal, es desde los márgenes desde donde puede surgir el nuevo centro.
Hoy, la democracia tiembla, pero no está sola. Desde La Quiaca, alguien ya la está defendiendo.
