En La Quiaca, tierra de resistencia, historia y altiplano, una historia de superación vuelve a recordarnos que el verdadero progreso se construye con empatía, compromiso y la convicción de que donde hay un derecho, hay una necesidad. Esta vez, el protagonista es Matías Ancasi, un joven deportista con discapacidad que, desde su esfuerzo silencioso, se convirtió en símbolo de tenacidad y esperanza para toda la comunidad.
Esta mañana, la pileta climatizada fue testigo de una escena conmovedora: Matías entrenaba junto a su entrenador Gaspar Benito, con el respaldo constante del director de Deportes Félix Galindo. Horas más tarde, una sorpresa cambió su día y su movilidad: el intendente Dante Veláquez le entregó un triciclo eléctrico, que le permitirá reemplazar el andador y desplazarse con autonomía por la ciudad. Las lágrimas de emoción no tardaron en correr: las de sus padres, Javier Ancasi y Lidia Gaspar, quienes con orgullo contaron cómo Matías transforma cada limitación en una nueva meta.
El intendente, visiblemente conmovido, destacó que “estos chicos nos enseñan a ser mejores personas. Si él puede sobreponerse cada día, nosotros tenemos la obligación de acompañarlo con políticas reales”. En su discurso, recordó la máxima que impulsa su gestión: donde hay un derecho, hay una necesidad. Y allí estuvo el Estado, no como espectador, sino como protagonista comprometido.

Matías comenzó a nadar por prescripción médica, sin imaginar que terminaría preparándose para competir. Él mismo confesó que “nunca fue mi idea competir, vine a hacer terapia. Pero un día vi a Luján y pensé: si ella puede, ¿por qué yo no?”. Esa chispa lo llevó a entrenar cada mañana, y a inspirar a sus propios profesores, que hoy no ahorran palabras de admiración.
No se trata solo de un triciclo. Se trata de una ciudad que se reconoce en el esfuerzo de sus hijos más valientes, de un municipio que no delega sus responsabilidades, y de una gestión que decide ver más allá de lo urgente para abrazar lo importante. Porque el deporte adaptado no es una actividad secundaria: es una herramienta de inclusión, una puerta al protagonismo y una afirmación rotunda del derecho a soñar.

En Matías, La Quiaca reconoce a cada niño, joven y adulto que lucha cada día por su lugar en el mundo. Y lo hace de la mejor forma: con hechos, no promesas. La pileta, los entrenadores, los vehículos adaptados, el acompañamiento familiar e institucional, forman parte de una misma decisión política: poner en el centro a las personas, sobre todo a aquellas que más lo necesitan.
Hoy, Matías pedaleó por primera vez su nuevo triciclo, y su sonrisa recorrió las calles como un mensaje silencioso pero poderoso: nada está perdido mientras haya amor, voluntad y comunidad. La Quiaca, esa ciudad que a veces parece estar en el fin del mapa, está escribiendo desde sus márgenes las páginas más humanas de la Argentina que necesitamos.
