La lectura como puente: creatividad, valores y raíces en la Escuela Comercial
En La Quiaca, el frío del invierno puneño no pudo apagar el calor que encendieron las letras. En la Escuela de Comercio de la ciudad, estudiantes de segundo a quinto año, guiados por las profesoras Azucena Vargas y Carolina Cruz, celebraron este 15 de junio el Día Nacional del Libro y del Escritor con una exposición única: Historias para Contar, un proyecto que fusiona literatura, reflexión y creatividad juvenil.
El acto no fue una fecha más en el calendario escolar. Fue una verdadera reivindicación del poder de los libros como herramientas de crecimiento y encuentro. Entre tapas diseñadas a mano, desplegables coloridos y ensayos literarios, los jóvenes narraron con orgullo lo que aprendieron durante el primer trimestre del año: leer también es pensar, cuestionar y construir.
Una apuesta pedagógica con raíces y alas
“Trabajamos con autores nacionales, latinoamericanos y también con mitología griega”, explicó la profesora Vargas. Entre los nombres mencionados estuvieron Paula Bombara, Isabel Allende y múltiples relatos clásicos que invitaron a los chicos a repensar sus vínculos, valores y modos de ver el mundo.
Lo más valioso, sin embargo, fue el diálogo entre los textos y sus propias vidas. “Un alumno escribió que el mito de Narciso le enseñó a no ser egoísta, a compartir, a no pensar solo en uno mismo”, señaló emocionada la docente Cruz. Porque eso es la literatura cuando se enseña con pasión: una escuela de empatía y de humanidad.

Los trabajos fueron evaluados con rúbricas pedagógicas, pero más allá de la nota, lo que quedó fue la experiencia transformadora de apropiarse de una historia y devolverla como creación propia. Algunos lo hicieron en grupos, otros de manera individual. Lo importante fue la libertad de expresión.
Libros, no solo para leer: para vivir en familia
Los docentes no se limitaron a hablar de aprendizaje formal. También interpelaron a la comunidad. “Los libros no son solo para los chicos: también pueden ser leídos en familia”, dijeron, subrayando la importancia de la lectura compartida, más allá de las pantallas y los videos de consumo fugaz.
Lejos de las redes sociales, el papel sigue teniendo peso. “Ha cambiado la forma de leer, ahora consumen más TikToks o reels, pero no por eso vamos a dejar de incentivar el libro físico, el que se subraya, el que se toca”, afirmaron con convicción las profesoras.

Un llamado desde el aula: leer es resistir
Este tipo de actividades escolares tienen un impacto silencioso pero profundo. En un mundo atravesado por la velocidad, el algoritmo y el individualismo, los libros abren una pausa. Son refugio, pero también herramienta de transformación.
Desde el proyecto “Historias para Contar”, los jóvenes de La Quiaca no solo homenajearon a los escritores, sino que se descubrieron como posibles autores, intérpretes y lectores críticos. Fue un homenaje a quienes escriben, sí, pero también una promesa: en esta ciudad de frontera, los libros seguirán abriendo caminos.
Una comunidad que apuesta al futuro
Este acto escolar no fue una actividad aislada. Fue una invitación a toda la sociedad quiaqueña a recuperar el hábito de leer, a celebrar la palabra como patrimonio colectivo. Con iniciativas como esta, La Quiaca reafirma que en cada página puede habitar un mañana más libre, más sabio, más humano.
