Con una voz firme y decidida, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, se consagró como protagonista geopolítico de un momento histórico para la integración regional. La constitución de la Comisión Binacional del Agua con Bolivia no es solo una declaración diplomática: es una declaración de guerra al olvido.
La Quiaca, 24 de junio de 2025 — En una jornada que quedará grabada como un punto de inflexión en la política territorial del norte argentino, el intendente Dante Velázquez cerró el Encuentro Binacional del Agua con una arenga cargada de determinación, coraje institucional y visión geoestratégica. “No vinimos a esperar que nos miren desde Buenos Aires o desde el mundo. Vinimos a decir que estamos acá, que somos parte, que exigimos estar en la agenda nacional e internacional”, disparó desde el salón del Hotel Turismo, ante autoridades de Argentina, Bolivia y organizaciones multilaterales.
Velázquez no se limitó a los protocolos. Habló como jefe de un pueblo que está cansado del silencio, de las promesas vacías y de los mapas que lo ignoran. “Estamos haciendo historia. Pero no cualquier historia: una historia buena, digna, inclusiva, con desarrollo y conciencia ambiental”, afirmó con emoción y claridad.
Un acto de autodeterminación política
Acompañado por el alcalde de Villazón, Juan Navia, Velázquez anunció la firma de un acta conjunta con hoja de ruta a 90 días, que incluye tres ejes de impacto regional: un plan maestro de aguas pluviales, la ampliación de redes cloacales con biodigestores, y un sistema de abastecimiento que garantizará agua segura por los próximos 50 años.
“No se trata de porcentajes en una cuenca. Se trata de dignidad. Esta tierra, que parece olvidada, es vital para la soberanía hídrica y el futuro productivo del continente”, sostuvo.
Integración real, más allá de los mapas
Velázquez se diferenció de otros intendentes que esperan gestos de Nación o de las provincias. Él lleva la carpeta de proyectos bajo el brazo y ya la presentó en espacios como FLACMA, el Banco Mundial, los BRICS, la CAF y el BID. “Esta no es una mesa de discursos. Es una plataforma de ejecución territorial. No vinimos a mendigar atención, vinimos a protagonizar transformación”, remarcó.
Y agregó una frase que ya empieza a viralizarse como consigna regional:
“No esperamos estar en la agenda. La estamos escribiendo.”
La Quiaca como epicentro de la nueva geopolítica
El intendente vinculó el acceso al agua con el cambio climático, la justicia social y el nuevo orden mundial. “Mientras las potencias se pelean por el litio, el gas o el petróleo, nosotros nos organizamos por el bien más valioso: el agua. Porque sin agua, no hay desarrollo ni paz ni futuro”, sentenció.
Además, reivindicó la identidad cultural de la Manka Fiesta, camino a ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como símbolo de una región que se abraza a su historia para proyectar futuro.
“Por más que estemos lejos en el mapa, somos inmensamente grandes. Aquí se cruzaron ejércitos libertadores, aquí se cruzan ahora pueblos que deciden no rendirse”, expresó con contundencia.
Un liderazgo que interpela
Con este gesto, Velázquez se erige como uno de los liderazgos más audaces del norte argentino, construyendo poder desde el territorio y desafiando la inercia de los centros políticos. Su discurso no fue una intervención técnica, fue una proclama política, un llamado a los pueblos olvidados a dejar de esperar y empezar a decidir.
“En este tiempo de crisis, el norte no pide permiso: propone, actúa, exige. La Quiaca no será un recuerdo nostálgico: será la capital de una nueva integración regional”, concluyó.
