El corazón de La Quiaca latió con fuerza este 27 de junio, en el día de honras a su patrona, la Virgen del Perpetuo Socorro. Entre la emoción popular, las velas encendidas, la procesión multitudinaria y los sones de la banda, una figura conmovió especialmente a la comunidad: el obispo de la prelatura de Humahuaca, monseñor Félix Paredes, quien presidió la misa central y dejó un mensaje cargado de afecto, fe y esperanza.
Pero no se trató de una visita cualquiera. Félix Paredes no es solo una autoridad eclesiástica: es también hijo adoptivo de esta tierra. “Terminé mis estudios primarios en la querida escuela Frontera N°1. Fui bautizado aquí, hice mi primera comunión y la confirmación en esta iglesia. Parte de mi vida de fe nació aquí en La Quiaca”, confesó el obispo en una entrevista emocionada antes de comenzar la misa. Luego recordó que completó el secundario en San Salvador de Jujuy y desde allí emprendió el camino sacerdotal que hoy lo coloca como una de las voces espirituales más respetadas del norte argentino.
El reencuentro con La Quiaca fue, para Paredes, más que una ceremonia religiosa. Fue un retorno a la raíz, al origen íntimo donde comenzó su vocación. “Cada vez que regreso, siento un gozo muy profundo. Y hoy, más aún, al ver esta ciudad tan hermosa, con el pueblo reunido en pleno, rindiendo homenaje a la Virgen que intercede por nosotros en silencio durante todo el año”, expresó con la voz emocionada tras el saludo del intendente Dante Velázquez y la ovación de los feligreses.

Durante la homilía, Paredes puso el acento en el valor de la fe popular y en el compromiso compartido entre comunidad y autoridades. “Es un día ejemplar. Están todos: las autoridades civiles, las escuelas, las fuerzas de seguridad, los vecinos. Eso confirma que La Quiaca tiene una fe viva, sólida, que se irradia desde el corazón de la gente sencilla, esa que mantiene encendida la llama de la esperanza incluso en los tiempos difíciles”, expresó.
El mensaje final del obispo fue un llamado a la unidad, la fraternidad y el compromiso diario con los valores cristianos. “Le pido a la Virgen María que nos acompañe en cada responsabilidad, en cada tarea, que nos anime en la esperanza. Ella está presente como madre en cada vida y en cada familia, tanto de los que viven aquí como de los que se han ido, pero siguen llevando a La Quiaca en el corazón”, concluyó.

La jornada fue también un espejo de identidad profunda. Las calles se llenaron de color, las instituciones desfilaron frente a la imagen sagrada y el pueblo vibró al ritmo de la devoción. El paso del obispo Félix Paredes no fue solo el de un pastor guiando a su rebaño: fue el de un hijo que vuelve al hogar, a la ciudad que lo vio crecer y que hoy celebra su legado.
