La Quiaca volvió a demostrar que su corazón late al ritmo de las infancias. En la emblemática cancha de la Liga Puneña de Fútbol, más de seis mil niños celebraron este sábado el Día del Niño en una jornada que unió juegos, música, payasos, títeres y abrazos bajo un sol generoso. Todo estuvo pensado para ellos: desde el primer buñuelo hasta el último regalo, cada detalle reflejó una decisión política clara del intendente Dante Velázquez: poner a las niñeces en el centro de la gestión.
Desde temprano, la ciudad se movilizó. Micros, combis y vehículos particulares acercaron a los pequeños desde los barrios más alejados hasta la calle Patricias Argentinas y José Hernández, donde se organizó el ingreso al estadio. A las 9 de la mañana la fila ya superaba los 150 metros, pero nadie se impacientaba: la banda de música recibía a las familias con acordes festivos, mientras el personal de tránsito, disfrazado de personajes infantiles, ofrecía chocolate caliente y buñuelos. Cada paso era una bienvenida.

Adentro, el recorrido se transformaba en un mundo mágico: un hombre araña negro, una payasita y un gigante payaso entregaban tickets numerados que daban derecho a golosinas, bebidas y sorteos. Castillos inflables, personajes teatrales y espectáculos llenaban de color el césped, mientras el aire se impregnaba de risas y el polvo levantado por el baile de miles de chicos formaba una neblina alegre, como si la tierra misma acompañara la fiesta.

El intendente Velázquez llegó a media mañana y fue recibido con abrazos y sonrisas espontáneas. Caminó entre los stands, saludó a cada grupo y compartió el entusiasmo de los más pequeños. Luego, subió al escenario para dar la bienvenida oficial y reafirmar el compromiso de su gestión: “Los niños son los verdaderos protagonistas de La Quiaca, el presente que debemos cuidar y el futuro que queremos construir”.

La jornada continuó con sorteos de juguetes y bicicletas, shows de payasos y, más tarde, una exhibición de la división canes de la Policía, cuyos perros fueron ovacionados tras mostrar destrezas que deslumbraron a los chicos. Mientras tanto, cada niño se llevaba en sus manos un presente y en su corazón la certeza de que la ciudad pensaba en ellos.
La celebración no se limitó al estadio. Velázquez, junto a funcionarios y personajes infantiles, visitó el Hospital Jorge Uro para entregar juguetes a los pequeños internados. Allí, dos bebés recién nacidas, una mamá a punto de dar a luz y un niño de tres años recibieron no solo obsequios, sino también compañía y afecto. Fue un gesto que resumió la esencia de la jornada: ningún niño debe quedar afuera de la alegría.

La licenciada Analía Mur, secretaria de Desarrollo Social, destacó la magnitud del encuentro: “La respuesta fue masiva, alrededor de seis mil personas, y lo más importante es que cada niño se fue con un regalo. Ver sus sonrisas es el mejor balance. Agradecemos a todas las áreas municipales y a la comunidad que nos acompañó”.
A las 15 horas, las filas para el egreso del estadio eran interminables, pero no había cansancio: cada niño y cada niña salían con su bolsita repleta de golosinas y juguetes. Más que objetos, eran símbolos de pertenencia, de cuidado y de reconocimiento.
Este Día del Niño en La Quiaca no fue un evento más: fue un ritual comunitario que reafirmó una cosmovisión de gobierno donde las infancias no son un apéndice, sino la razón misma de la política pública. Dante Velázquez y su equipo convirtieron un festejo en una declaración de principios: una ciudad que mima a sus niños, se asegura un futuro más justo y humano.
