La Quiaca sigue moviéndose. No es una consigna, es un dato de obra: el Centro Cultural ya alcanza un 86% de avance, el cordón cuneta del barrio 20 de Junio llega al 50%, se completó la extensión de la red de agua en Santa Teresita y se prepara el recambio total de cañerías en la prolongación Árabe Siria. Detrás de cada porcentaje hay algo más que cemento y caños: hay vecinos organizados, aportes comunitarios y una gestión municipal que entiende que una ciudad ordenada se construye junto a su gente.

El ingeniero Emanuel Churquina, responsable de la Secretaría de Obras y Servicios Públicos, explicó que muchas de estas intervenciones se realizan con convenios directos con los frentistas y con el acompañamiento de Agua Potable. En barrio Santa Teresita, detalló, se ejecutaron 330 metros lineales de red de agua, con un avance del 85% y solo resta la conexión a la red troncal. “La manguera ya está tendida y enterrada, se hicieron todas las verificaciones técnicas para que el servicio funcione bien desde el primer día”, señaló.
En el barrio 20 de Junio, el cordón cuneta avanza a paso firme y ya se encuentra en un 50% de ejecución. Churquina subrayó el esfuerzo cotidiano del personal municipal: “Hay que agradecer a los muchachos de Obras Públicas y de Automotor, que están con las máquinas de manera permanente y con un rendimiento muy bueno”. Cada tramo terminado significa calles mejor delimitadas, menos barro, menos anegamientos y, sobre todo, más valor para las viviendas de los propios vecinos.

El corazón simbólico de estas transformaciones late en el Centro Cultural, una obra estratégica para ordenar y potenciar la vida social, artística y comunicacional de La Quiaca. Allí trabajan 36 personas en turnos de ocho horas, de 7 a 16. “Estamos en un 85–86% de avance. Ya se colocan pisos en el auditorio, se ejecutan rampas de acceso, graderías, la sala de control y los espacios donde funcionará la Dirección de Prensa y Comunicación”, describió el ingeniero. El auditorio cuenta con contrapiso a desnivel para butacas fijas, cielorraso en plena ejecución y la próxima semana comenzarán las tareas de pintura interior y exterior, junto con la instalación de puertas y ventanas.

Pero la planificación no se queda en lo visible. Churquina también habló de una deuda asumida con los vecinos de la prolongación Árabe Siria, donde se proyectaba un pavimento rígido de 130 metros lineales ya financiado por los frentistas. Al iniciar las tareas, el equipo técnico detectó un problema de fondo: la cañería cloacal existente es de fibrocemento y debe ser reemplazada por completo. “Les pedimos paciencia. Antes de poner hormigón, tenemos que hacer lo que corresponde: cambiar toda la cañería para evitar roturas futuras. Es más tiempo hoy, pero es tranquilidad para muchos años”, explicó.
Cada una de estas obras, grandes o pequeñas, apunta al mismo objetivo: ordenar la ciudad para que La Quiaca valga más, para que sus barrios sean más habitables y para que la Puna vea en ella un punto de referencia. La gestión de Dante Velázquez viene insistiendo en ese concepto: una ciudad prolija, con servicios básicos asegurados y espacios culturales de calidad, es una ciudad que puede competir en los mercados turísticos, atraer inversiones y retener a sus jóvenes.

Pero ese orden no se decreta desde un escritorio. Se construye con la firma de los convenios, con el aporte de los vecinos y con el compromiso diario de los trabajadores municipales. Por eso, cuando avanza una red de agua, un cordón cuneta o un Centro Cultural, no es solo el municipio el que se fortalece: es cada ciudadano quiacaño el que gana en dignidad, seguridad y oportunidades.
