La Puna jujeña dejó de ser un borde olvidado del mapa para transformarse en tablero geopolítico. En la reciente exposición de intendentes jujeños ante la Comisión de Presupuesto del Congreso de la Nación, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, puso palabras a una demanda acumulada por décadas: acompañar la reforma tributaria nacional, sí, pero reconociendo a los municipios como el “km 0 de la democracia” y corrigiendo las asimetrías crónicas que castigan a la frontera norte.
Velázquez reclamó que, desde Buenos Aires, se mire de frente a la puerta norte de la Argentina, ese punto donde el país se conecta físicamente con el resto de las Américas y por donde circulan personas, mercancías, cultura e historia compartida. No se trata solo de coparticipación y números fríos: se trata de quién sostiene todos los días la gobernabilidad de cara al vecino, en el territorio, con recursos muchas veces insuficientes.
En paralelo, y en la misma sintonía política, el gobernador de Jujuy, Carlos Sadir, se reunió en Casa Rosada con el ministro del Interior, Diego Santilli. En esa mesa se habló de Presupuesto 2026, reformas estructurales y obras clave para la provincia. Pero hubo un dato que encendió las alarmas positivas en la frontera: la licitación de la Zona Franca de La Quiaca fue incorporada formalmente a la agenda nacional.

Para La Quiaca, no es un ítem más en una lista de temas. Es un punto de inflexión. La Zona Franca, bien diseñada y articulada con Bolivia y los corredores bioceánicos, puede convertir al “pórtico norte de la Patria” en un nodo logístico y comercial de alto impacto, donde la Puna ya no sea solo territorio de paso sino plataforma de servicios, industria limpia, comercio exterior y empleo calificado.
Este giro no surge de la nada. Responde a una línea de trabajo que Velázquez viene sosteniendo desde el inicio de su gestión: internacionalizar La Quiaca y la región Puna. En el plano cultural, el municipio impulsa ante la UNESCO la declaración de la Manka Fiesta como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, poniendo en valor una feria milenaria que mantiene vivo el trueque, la producción regional y el encuentro de pueblos de ambos lados de la frontera.
En el plano territorial, La Quiaca ya se inscribe en el corredor perpendicular del corredor bioceánico, una traza estratégica que une Atlántico y Pacífico y que, bien aprovechada, puede reposicionar a la ciudad como centro de servicios logísticos, turismo andino, energías limpias y economía del conocimiento vinculada a la altura. No es solo una ruta: es un cambio de escala.
De este modo, la foto política de las últimas horas —intendentes en el Congreso, Sadir con Santilli en Casa Rosada y la Zona Franca en agenda— debe leerse como primer capítulo de un nuevo contrato entre Nación y frontera norte. La Puna jujeña deja de ser periferia para plantearse como frontera inteligente, con municipios fortalecidos fiscalmente, infraestructura moderna y un proyecto de desarrollo que integra cultura, comercio y geopolítica.
La pregunta que queda planteada, hacia adentro y hacia afuera, es clara:
¿La Argentina aprovechará esta ventana para saldar la deuda histórica con su norte más extremo o volverá a mirar para otro lado?
Por ahora, La Quiaca ya se sentó a la mesa grande y dejó un mensaje contundente: sin km 0 de la democracia, no hay proyecto de país posible.
