El despacho del intendente Dante Velázquez fue escenario de un momento largamente esperado por las familias del Barrio Esperanza. Después de 30 años de gestiones y frustraciones, los vecinos autoconvocados firmaron junto al municipio un convenio para concretar la ampliación de la red cloacal que beneficiará a las viviendas ubicadas sobre calle Rivadavia, entre Sargento Rojas y la prolongación de Entre Ríos.
La obra contempla 250 metros de cloaca y surge como resultado directo de las audiencias vecinales de los días miércoles, instancia en la que el jefe comunal recibe de manera abierta los planteos de la comunidad.
“Muchos sectores de La Quiaca todavía carecen de servicios básicos como cloaca y agua. Hoy rubricamos un convenio donde los vecinos aportan los materiales y el municipio invierte más de 6 millones de pesos en maquinaria, mano de obra y supervisión técnica de Agua Potable. Es una obra que iniciamos de inmediato y que queremos entregar antes de fin de año”, sostuvo Velázquez.
El intendente reconoció además que la demora histórica obliga a una mirada autocrítica:
“Tengo que pedir disculpas. Muchas veces la inobservancia del Ejecutivo, el no escuchar a tiempo o no caminar lo suficiente los barrios, genera estas demoras. Las jornadas de los miércoles son para reparar eso: escuchar y construir soluciones junto a los vecinos”.
Treinta años de espera y un problema de salud pública
El convenio no sólo resuelve un reclamo de infraestructura; también aborda una situación de contaminación ambiental que afectó la salud de numerosas familias. Sin cloacas, durante años las aguas servidas y los desechos fecales corrieron a cielo abierto por una de las principales calles de acceso al barrio.
Una vecina autoconvocada, que habló en representación de las familias, describió el impacto con crudeza:
“Durante décadas tuvimos materia fecal corriendo por la calle. Eso enfermó a muchos niños, incluso a mi hija, que debió ser operada por un quiste y sufrió problemas respiratorios. Tocamos puertas de gobernadores e intendentes anteriores y nunca se abrieron como ahora”.
La referente subrayó además el carácter comunitario de la iniciativa:
“No soy presidente del barrio, soy una vecina autoconvocada. Somos nueve familias las beneficiadas directas, pero esto dignifica a todo el sector. Este sueño lo empezaron mis padres, que hicieron a pulmón el agua y la luz. Hoy, al fin, llega la cloaca”.
Obra por cooperación: vecinos y municipio
El esquema acordado es de cooperación directa:
Vecinos autoconvocados: compran y proveen los materiales necesarios.
Municipio de La Quiaca: aporta maquinaria, mano de obra, dirección técnica y articulación con Agua Potable.
Plazo estimado: unos 20 días corridos, “Dios mediante, antes de que termine el año”, según adelantó el Intendente.
Velázquez enmarcó este avance en un plan más amplio de infraestructura barrial, recordando que en la misma jornada se inauguró una obra de 330 metros de red de agua en Barrio Santa Teresita y que avanzan trabajos de cordón cuneta en Barrio 20 de Junio, entre otras intervenciones programadas para 2026.
“Son obras para los vecinos y con los vecinos. La Quiaca que soñamos para 2026 y 2027 es una ciudad con mejores servicios básicos, accesos seguros y alumbrado digno. Nada de eso es posible sin organización comunitaria y sin el aporte de toda la sociedad a través de sus impuestos”, remarcó.
Dignidad que llega por fin al Barrio Esperanza
Para los habitantes del Barrio Esperanza, la firma del convenio marca un antes y un después. Durante tres décadas, la falta de cloacas fue sinónimo de postergación, enfermedades y vergüenza ante quienes transitaban la zona cercana al puente internacional.
Hoy, la articulación entre organización vecinal y decisión política comienza a revertir esa realidad.
“Este sistema cloacal no lo vamos a poder pagar en forma material, pero sí con un agradecimiento profundo. Es una obra que va a quedar en la memoria de nuestros hijos y de las futuras generaciones”, concluyó emocionado el vecino.
El inicio inmediato de los trabajos y el compromiso de finalizarlos en alrededor de 20 días consolidan un mensaje claro: cuando el Estado escucha y la comunidad se organiza, los derechos postergados pueden convertirse en obras concretas.