La Quiaca.– La Escuela de Frontera General Manuel Belgrano cerró su ciclo lectivo 2025 con un acto académico cargado de emoción y simbolismo. Setenta y cinco alumnos y alumnas recibieron sus diplomas de egreso en el salón principal, coronando nueve años de formación en una institución que, todos los días, demuestra que la frontera no es un muro, sino un puente.

La vicedirectora Vilma Alvizu destacó el carácter único de la escuela, donde cerca del 80% de la matrícula está compuesta por estudiantes argentinos que residen en Villazón, Bolivia, y que a diario cruzan el río o el puente para asistir a clases. “Somos una escuela con una cultura institucional distinta. Nuestros chicos viven del otro lado, pero su identidad escolar y su proyecto educativo se construyen aquí, en esta escuela de frontera”, subrayó.
Alvizu remarcó que no solo se egresan niños y niñas con saberes académicos, sino con valores y herramientas para la vida: “Estos 75 egresados pasaron por el jardín y por toda la primaria aquí. Se llevan conocimientos, pero también solidaridad, respeto, compromiso y una experiencia intercultural que los marca para siempre”.

La participación de las familias fue otro de los puntos fuertes del acto. Madres y padres acompañaron cada instancia del ciclo lectivo y del cierre, reflejando el vínculo estrecho entre comunidad y escuela. “Tenemos una relación muy activa con las familias; cuando se proponen colaborar, lo hacen de verdad. Eso sostiene muchos de nuestros proyectos”, señaló la vicedirectora.
En el balance del año, Alvizu consideró que la escuela cumplió satisfactoriamente los objetivos pedagógicos y comunitarios: “Hemos logrado las metas en lo didáctico, en lo organizativo y en lo sociocomunitario. Vemos el impacto positivo de nuestros proyectos en la comunidad, y eso nos confirma que vamos por buen camino”.
Mientras la institución encara la evaluación institucional 2025 y proyecta mejoras para 2026, la Escuela de Frontera Belgrano reafirma su rol estratégico: ser un espacio de educación pública que integra realidades, cruza fronteras todos los días y demuestra que la interculturalidad no es un discurso, sino una práctica cotidiana.
