En una decisión de fuerte impacto institucional, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, resolvió intervenir con más de 500 metros cuadrados de asfalto en la avenida Bolivia, la arteria vital que conecta con el puente internacional Horacio Guzmán, en plena jurisdicción nacional. La obra busca reparar un acceso fronterizo abandonado mientras crece el reclamo por el no retorno del impuesto a los combustibles, que todos pagan pero no vuelve en infraestructura para las provincias ni para ciudades estratégicas como La Quiaca.

La Quiaca, 27 de marzo del 2026 // La escena es tan elocuente como dolorosa: una de las puertas reales de ingreso a la Argentina, en el extremo norte del país, quedó librada al deterioro, al pozo y al olvido. La avenida Bolivia, acceso directo al puente internacional Horacio Guzmán, mostraba el abandono de una obra que debía ser atendida por la Nación, pero que terminó siendo rescatada por el municipio quiaqueño. Frente a esa desidia, el intendente Dante Velázquez decidió actuar con hechos y no con excusas, poniendo en marcha una intervención concreta en un tramo clave de la frontera.

Velázquez supervisó personalmente los trabajos y confirmó que la intervención superará el cálculo inicial: ya no serán solo 400 metros cuadrados, sino entre 450 y 500 metros cuadrados de asfalto, en una obra que apunta a devolver transitabilidad y dignidad a un corredor por donde circulan vecinos de La Quiaca, ciudadanos de Villazón, visitantes, taxistas, remiseros, camiones y vehículos pesados. El propio jefe comunal remarcó que se trata de una zona de alto valor geopolítico y estratégico, cuya precariedad no podía seguir siendo tolerada.

La decisión municipal también dejó expuesta una verdad incómoda: todos pagan el impuesto a los combustibles, pero ese recurso no retorna en obras viales para el interior. Velázquez fue explícito al plantear que ese tributo no está llegando a La Quiaca, ni a las ciudades del interior, ni tampoco vuelve a las provincias para atender déficits urgentes en rutas, accesos y servicios. En otras palabras, los ciudadanos cumplen, aportan y sostienen la recaudación, pero cuando llega la hora de reparar una arteria central de frontera, el Estado nacional mira hacia otro lado.

Lejos de elegir la confrontación vacía, el intendente enmarcó la obra en una lógica de responsabilidad y concertación. Señaló que el municipio es el “kilómetro cero”, la primera puerta que golpea el vecino cuando hay un problema, y que por eso no podía permanecer inmóvil ante una situación que afecta a toda la comunidad. También pidió una mesa de diálogo más profunda entre Nación, Provincia, Municipio y medios de comunicación para abordar estas precariedades que, según sostuvo, muchas veces podrían resolverse “con pocas monedas”, si existiera el criterio suficiente.

En ese mismo tono, Velázquez agradeció la colaboración de una empresa privada, que aportó maquinaria que el municipio no posee, permitiendo acelerar el trabajo con recursos limitados. El objetivo, anunció, es dejar terminado el acceso este sábado por la tarde-noche, en un gesto que no solo mejora el asfalto: también busca dar un llamado de atención a todos los niveles del Estado sobre el estado de abandono de una infraestructura estratégica que no puede seguir siendo degradada.
Lo que sucede en La Quiaca trasciende lo local. No es solo un bacheo. Es una postal del país real. Una frontera viva, transitada, sensible, sostenida por su comunidad, mientras la Nación no devuelve ni en obras ni en presencia lo que recauda. Y es también una señal política: cuando las estructuras superiores se paralizan, los gobiernos locales quedan obligados a defender con sus propios medios la dignidad del territorio. La Quiaca lo hizo. Y lo hizo en la puerta misma de la Argentina.
