El curso de albañilería para mujeres, impulsado junto al área de Desarrollo Social del municipio de La Quiaca, dejó la teoría para pasar a la obra. En un terreno ubicado al lado del Centro de Zoonosis, las participantes realizaron trabajos de mampostería, preparación de mezcla, nivelación y encuadre, con la colaboración del personal de Obras Públicas.
La Quiaca. El curso de albañilería para mujeres que se desarrolla en La Quiaca dio un paso fundamental: las participantes dejaron la teoría y comenzaron a trabajar directamente en la práctica, poniendo manos a la obra en un terreno ubicado junto al Centro de Zoonosis.

La propuesta, articulada junto al área de Desarrollo Social del municipio, busca brindar herramientas concretas a mujeres de distintas edades para que puedan adquirir conocimientos básicos de albañilería, aplicarlos en sus hogares y fortalecer su autonomía personal. Lo que comenzó como una capacitación técnica se convirtió también en un espacio de confianza, aprendizaje e independencia.
La responsable del curso, Claudia Ordoñez, explicó que esta etapa práctica es una de las más importantes del proceso formativo. “Estamos en la práctica, que es lo mejor, porque es cuando más se aprende”, señaló al destacar el entusiasmo del grupo y la importancia de trabajar sobre situaciones reales de obra.

Durante la jornada, las mujeres avanzaron en tareas de mampostería, preparación de mezcla, toma de niveles y encuadre de columna a columna. También comenzaron a incorporar conocimientos vinculados a la capa aisladora y a los distintos tipos de mezclas que se utilizan según cada trabajo. La capacitación se realiza paso a paso, permitiendo que cada participante comprenda no solo la técnica, sino también el sentido práctico de cada tarea.
Ordeñez remarcó que se trata de un curso de albañilería básica, pensado especialmente para que las mujeres puedan resolver tareas del hogar y ganar seguridad frente a trabajos que muchas veces parecen reservados únicamente para los hombres. “Es una herramienta muy básica para ellas”, indicó, al valorar el impacto que puede tener este aprendizaje en la vida cotidiana.
La actividad contó además con la colaboración del personal de Obras Públicas, que acompañó la jornada práctica con orientación y apoyo técnico. Según destacaron desde la coordinación, los trabajadores aportaron su experiencia en obra y ayudaron a que las participantes pudieran aplicar con mayor precisión los conocimientos incorporados durante las clases teóricas.

Uno de los aspectos más valiosos del curso es la diversidad del grupo. Participan mujeres jóvenes y también adultas mayores, lo que demuestra que el deseo de aprender no tiene edad. Para muchas de ellas, esta capacitación no solo representa una posible herramienta laboral o doméstica, sino también una ayuda emocional, un espacio de encuentro y una forma de fortalecer la autoestima.
“La verdad que estoy sorprendida, porque no pensé que fuera un grupo tan amplio. Hay chicas bastante jóvenes y también una señora mayor. Eso es bueno, ayuda bastante a la independencia. Más que de trabajo, es una ayuda emocional para ellas”, expresó Ordoñez.
El curso continuará durante las próximas semanas, luego de algunas demoras vinculadas a la coordinación de actividades. La intención es seguir profundizando los contenidos y avanzar en nuevas prácticas que permitan a las participantes completar una formación útil, concreta y transformadora.
En La Quiaca, esta experiencia deja un mensaje potente: cuando una mujer aprende un oficio, no solo incorpora una técnica; también gana seguridad, autonomía y nuevas posibilidades. La albañilería, en este caso, se convierte en una herramienta de igualdad, independencia y construcción de futuro.
