Desde las primeras horas de este 20 de Junio, La Quiaca se convirtió en el epicentro institucional de los festejos oficiales por el Día de la Bandera en Jujuy. El gobernador Carlos Sadir, quien llegó ayer a la ciudad fronteriza, acompaña al intendente Dante Velázquez en una jornada cargada de símbolos, fe, memoria y pertenencia nacional. Con diana de honor, izamiento, chocolate comunitario, entrega de banderas, tedeum y la expectativa por el gran desfile cívico militar, la heroica ciudad de La Quiaca vuelve a demostrar que en la frontera norte viven los verdaderos centinelas de la patria: sus ciudadanos.
Jujuy. La Quiaca despertó haciendo patria. En el frío profundo de la Puna, donde el aire corta la piel pero también fortalece el espíritu, comenzó este 20 de Junio una jornada histórica para Jujuy y para el norte argentino. La ciudad fronteriza, centinela de la patria en la Puerta Norte del país, es desde las primeras horas del día el epicentro institucional de los actos oficiales por el Día de la Bandera.
El gobernador de Jujuy, Carlos Sadir, llegó ayer a La Quiaca para acompañar al intendente Dante Velázquez en una celebración que supera el protocolo y se convierte en una afirmación de identidad. Así como el presidente de la Nación participa de los actos en Rosario, cuna de la Bandera, el mandatario jujeño se encuentra en La Quiaca, una ciudad emblemática para la historia nacional, enclavada en la altura, en la frontera y en una región que sostuvo con sacrificio la idea de patria.

La jornada comenzó con la tradicional diana de honor desde el domicilio del intendente Dante Velázquez. Acompañado por la Banda de Música, personal del Ejército Argentino, Gendarmería Nacional, miembros de su gabinete y vecinos, el jefe comunal inició el recorrido hacia el edificio municipal, en una peregrinación cívica que también sumó a agrupaciones gauchas montadas a caballo.
En el edificio municipal se realizó el izamiento de la Bandera Nacional, uno de los momentos más sentidos de la mañana. Allí, en medio del frío puneño, la enseña patria volvió a elevarse como símbolo de soberanía, independencia y pertenencia. En La Quiaca, la Bandera no flamea como una postal: flamea como compromiso cotidiano de quienes habitan una ciudad difícil, alta, fronteriza y profundamente argentina.
Luego, la caminata continuó hasta el Hotel de Turismo, donde el intendente Dante Velázquez invitó a los presentes a compartir un desayuno comunitario con chocolate y buñuelos. El gesto tuvo el valor de las tradiciones simples y profundas: reunirse, compartir, abrigarse entre vecinos y reconocerse parte de una misma comunidad en una fecha que convoca a mirar la historia con emoción y responsabilidad.
Al finalizar el desayuno, el mandatario quiaqueño, acompañado por el gobernador Carlos Sadir, entregó al cuerpo de Bomberos la Bandera Nacional y la Bandera de la Libertad Civil. Fue otro de los pasajes simbólicos de la mañana, porque en esas banderas se resume una herencia histórica que une a Manuel Belgrano, Jujuy y el mandato de defender la libertad como bien común.

En el mismo Hotel de Turismo, el intendente y el gobernador recibieron un presente enviado por el alcalde de Villazón, Bolivia, reafirmando el carácter integrador de La Quiaca como ciudad de frontera. En este territorio, la patria no se vive como una línea que separa, sino como una puerta que conecta pueblos, culturas, memorias y destinos compartidos.
Luego, la comitiva oficial, invitados, instituciones y vecinos se dirigieron hacia la iglesia, donde se realizó el tedeum. La ceremonia religiosa contó con la bendición del sacerdote Aníbal Zilly y rindió honor a la Virgen del Perpetuo Socorro, en un clima de recogimiento, gratitud y esperanza para la comunidad quiaqueña.
La Quiaca llega a esta jornada después de varios días de actividades patrióticas, culturales e institucionales. Banderazos estudiantiles, izamientos, obras, encuentros comunitarios, homenajes, música, participación del Ejército y presencia de escuelas fueron preparando el clima para un 20 de Junio distinto, histórico y profundamente federal.
En minutos, la ciudad se prepara para dar inicio al gran desfile cívico militar, uno de los momentos centrales de la celebración. Allí desfilarán instituciones, fuerzas, estudiantes, agrupaciones, vecinos y expresiones de una comunidad que sabe que la patria no se declama solamente en los centros de poder: también se defiende en la frontera, en la altura, en el trabajo diario y en la decisión de seguir viviendo donde empieza la Argentina.

La figura de Manuel Belgrano atraviesa toda la jornada. El creador de la Bandera imaginó una patria educada, libre, productiva y soberana. En La Quiaca, su legado adquiere una fuerza especial, porque esta ciudad representa la presencia viva del país en el extremo norte, allí donde la Nación se afirma no por discursos, sino por la vida cotidiana de sus habitantes.
Los verdaderos centinelas de la patria son los ciudadanos quiaqueños. Son las familias que resisten el frío, los docentes que enseñan identidad, los estudiantes que levantan la Bandera, los soldados que juran defenderla, los gauchos que mantienen la tradición, los trabajadores municipales, los comerciantes, las comunidades originarias, los bomberos, los músicos, los vecinos que todos los días sostienen una ciudad que no se resigna a ser periferia.
Este 20 de Junio, La Quiaca deja de ser borde para convertirse en centro simbólico de Jujuy. Desde la Puerta Norte, la provincia mira su Bandera y reconoce que la patria también nace en la Puna. Con Carlos Sadir y Dante Velázquez presentes, con el Ejército, Gendarmería, escuelas, instituciones y pueblo en la calle, la ciudad vive una jornada que quedará grabada en su memoria colectiva.
La Bandera flamea hoy sobre La Quiaca con un sentido profundo. No solo recuerda a Belgrano: recuerda que la Nación se construye desde cada rincón, especialmente desde aquellos lugares donde vivir exige coraje, arraigo y amor por la tierra. En la heroica ciudad fronteriza, el Día de la Bandera se celebra como debe ser: con solemnidad, con pueblo, con historia y con el orgullo de saber que en el norte también se custodia el corazón de la Argentina.
