La Quiaca vivió una jornada de enorme trascendencia cultural con la incorporación definitiva al Complejo Cultural Manka Fiesta de la colección María René Aramayo de Medrano, integrada por 2.423 piezas arqueológicas y paleontológicas, algunas con más de 2.000 años de antigüedad. El ingreso de este acervo transforma al complejo en mucho más que un espacio de actividades: comienza a consolidarlo como un centro de preservación, investigación, memoria e interpretación del patrimonio de la Puna, con potencial para insertarse en circuitos culturales y científicos de escala nacional e internacional.
El valor de la colección es extraordinario. Está compuesta por 408 cuentas de collar, 53 tiestos cerámicos, 253 objetos líticos, 20 objetos óseos, 14 fósiles, 1.589 puntas de proyectil, 17 collares, 34 elementos metálicos y 35 objetos de cerámica. El material se encuentra registrado oficialmente tanto en el Registro Nacional de Yacimientos, Colecciones y Objetos Arqueológicos como en el Registro Nacional de Yacimientos, Colecciones y Restos Paleontológicos del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, dentro del marco de la Ley Nacional 25.743. No se trata, por lo tanto, de una acumulación doméstica de piezas antiguas: es patrimonio identificado, estudiado y reconocido institucionalmente.

La llegada de esta colección marca un antes y un después para el Complejo Cultural Manka Fiesta. Un edificio que nació con una vocación cultural comienza ahora a adquirir otra dimensión: museo, reserva patrimonial, espacio educativo y potencial nodo arqueológico y paleontológico de la región. El material fue trasladado desde el Museo Arqueológico Provincial y la Dirección Provincial de Patrimonio para permanecer definitivamente en La Quiaca, después de un proceso administrativo y técnico que demandó más de dos años de gestiones, identificación y evaluación. El propio origen territorial de las piezas —halladas en La Quiaca, sus alrededores y la Puna— refuerza además un principio esencial: el patrimonio vuelve al territorio del que surgió.

El acontecimiento representa también la consolidación de una idea política y cultural: el Complejo Manka Fiesta está vivo y continúa nutriéndose de legados que multiplican su valor. Cada nueva colección, cada actividad, cada archivo y cada manifestación cultural incorporada al edificio fortalece su capacidad para convertirse en una referencia del patrimonio andino. La existencia de piezas con más de dos milenios de antigüedad abre posibilidades concretas para programas educativos, visitas escolares, investigación científica, turismo cultural y articulaciones con universidades, museos y organismos especializados. La infraestructura deja así de medirse solamente por sus metros cuadrados: empieza a medirse por el contenido histórico que es capaz de custodiar.

La responsabilidad que acompaña semejante patrimonio será igualmente grande. Desde el municipio se anticipó la necesidad de reforzar vigilancia, cámaras de seguridad, vitrinas adecuadas, supervisión permanente y protocolos de conservación para garantizar que las futuras generaciones puedan recibir las piezas en las mismas condiciones en que hoy llegan al complejo. Cada objeto está identificado y certificado, con su correspondiente trazabilidad, y el desafío inmediato será preparar una museografía capaz de explicar al visitante no sólo qué está observando, sino qué representa dentro de miles de años de ocupación humana del territorio puneño.

Hay días que agregan una actividad al calendario y otros que modifican el significado de una institución. Este 12 de agosto pertenece a los segundos. La donación de la familia de María René Aramayo de Medrano no incorpora solamente objetos: incorpora memoria, conocimiento y una parte material de la historia profunda de La Quiaca. El Complejo Cultural Manka Fiesta empieza a convertirse en custodio de ese legado y, con ello, aumenta exponencialmente su importancia para la ciudad. La Quiaca puede comenzar a proyectar desde allí un nodo cultural, arqueológico y paleontológico capaz de dialogar con el mundo desde su propia identidad. Como resume el espíritu expresado durante la presentación: para saber hacia dónde ir, primero hay que saber de dónde se viene.
