La muerte de una docente en plena jornada laboral no puede pasar como una noticia más. No puede ser silenciada, ni olvidada, ni absorbida por la frialdad de un parte médico. Su nombre era vicedirectora de la Escuela Normal de San Salvador de Jujuy. Cayó desplomada durante una reunión con padres, víctima de un pico de estrés que la fulminó en minutos. No fue una muerte súbita, fue una consecuencia. No fue un accidente, fue el resultado previsible de un sistema que presiona, desvaloriza y exige hasta quebrar los cuerpos y las almas de quienes educan.
Ante esta tragedia evitable, la comunidad docente se ha puesto de pie. La maestra Liliana Bazán, en representación de cientos de colegas, convocó a una marcha del silencio, sin banderas partidarias ni gremiales, con antorchas y velas, en homenaje a su compañera fallecida, pero también como grito urgente de reflexión. La cita es este lunes a las 19 horas en la plaza central, y se replicará en distintos puntos de la provincia de Jujuy.
“Esta compañera murió trabajando. Fue al colegio con su bolso y volvió en un cajón. Eso no puede ser normal”, dijo Bazán, con la voz quebrada por la impotencia. La docente llamó a las autoridades provinciales a asumir su responsabilidad política y humana. Señaló sin eufemismos el hostigamiento burocrático, la presión asfixiante de protocolos, planillas y normativas, sumada a una comunidad muchas veces demandante, impaciente, que exige sin dialogar, que acusa sin escuchar.
Porque no es un caso aislado. Liliana Bazán enumeró con dolor los cuadros de depresión, derrames, crisis de pánico, ACV y agotamiento extremo que han sufrido docentes en los últimos tiempos. “Hay colegas que terminaron internados, otros que pasaron directamente al psicólogo o al psiquiatra. La escuela se ha convertido en un campo de tensión permanente. Y el maestro, que además es madre, padre, hermana, está al límite”, relató.
La exigencia social sobre los docentes ha mutado en una lógica cruel. Se les exige contención emocional, mediación familiar, disciplina social, gestión burocrática, y recién después, enseñar. Se espera que sean héroes, cuando apenas tienen fuerzas para llegar a fin de mes, a veces sin los materiales básicos, con salarios bajos y aulas superpobladas. La docente fallecida no estaba de licencia, no se retiró, murió en acto de servicio.
La marcha del silencio busca interpelar no solo al Ministerio de Educación, sino también a la sociedad entera. “Quién no tiene un docente en su familia. No pedimos privilegios, pedimos respeto. Queremos armonía entre escuela y comunidad. No más violencia, no más indiferencia”, dijo Bazán. Recordó que la docente fallecida dejó una hija adolescente de 16 años. “En el momento que más la necesitaba, su mamá no está. Y no está por culpa de un sistema que aprieta hasta matar”.
Este 24 de marzo, Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, el mensaje es uno solo: nunca más la violencia, nunca más el silencio ante la injusticia. La memoria también se construye recordando a quienes entregan su vida en silencio, en las aulas, lejos de las cámaras, cerca del pueblo. Esta maestra murió de pie, como se mueren los que luchan. Que su nombre no quede perdido entre los archivos. Que su muerte sirva para transformar.
