Las Hermanas Mercedarias recibieron en La Quiaca la visita de autoridades provinciales de la congregación provenientes de Brasil. Pascuala Gerónimo destacó una misión de más de 50 años dedicada al cuidado de adultos mayores y agradeció el acompañamiento permanente de la comunidad. También se anunció la necesidad de reunir apoyo para nuevas mejoras en el hogar.
La comunidad de las Hermanas Mercedarias de La Quiaca recibió una visita especial que puso nuevamente en primer plano una obra silenciosa pero profundamente arraigada en la ciudad: el cuidado de los adultos mayores. La hermana Pascuala Gerónimo presentó a las autoridades provinciales de la congregación que llegaron desde Brasil para acompañar de cerca la misión local, compartir con los abuelos y evaluar las necesidades de la casa. “Queremos compartir la alegría de tener a nuestras hermanas acá, en medio de nuestra comunidad”, expresó Pascuala, quien destacó que la presencia de la congregación en La Quiaca supera ya los 50 años.
La hermana Lilian, provincial de turno y oriunda de Brasil, remarcó que la visita forma parte del acompañamiento permanente que realizan a las distintas comunidades de Argentina, Brasil, Paraguay y Chile. “Para nosotros siempre es una alegría estar en La Quiaca, porque sabemos del trabajo de entrega y de cuidado que las hermanas vienen realizando desde hace más de 50 años”, señaló. También valoró el compromiso de la comunidad quiaqueña, las escuelas y las instituciones que colaboran mediante visitas, donaciones y actividades destinadas a los adultos mayores. “Ellas no están solas, llevan el nombre de la congregación y viven el carisma de nuestra misión”, agregó.
La hermana Ana Claudia, consejera y secretaria provincial, puso además el foco en la necesidad de sostener las vocaciones religiosas para garantizar la continuidad de estas obras. “Para mantener esta misión necesitamos nuevas vocaciones, jóvenes que quieran dar su vida por los demás y acompañar a quienes más lo necesitan”, expresó. La religiosa destacó que ya existen vocaciones provenientes de La Quiaca, aunque consideró fundamental que más jóvenes puedan conocer y acercarse a la tarea de la congregación.
Uno de los puntos centrales de la visita estuvo relacionado con las necesidades materiales del hogar. Las religiosas reconocieron que sostener una casa de adultos mayores implica un esfuerzo permanente y que siempre existen mejoras pendientes para garantizar una mejor calidad de vida. Entre los proyectos mencionaron la intención de renovar la fachada del edificio, una obra para la cual todavía necesitan reunir recursos. “Toda ayuda es necesaria e importante. Mantener una casa de ancianos no es fácil y siempre hay algo por mejorar para que la vida de ellos tenga calidad y sentido”, sostuvo Lilian.
Pascuala Gerónimo insistió en que el acompañamiento de la congregación no se limita a estas visitas presenciales. “Geográficamente ellas están lejos, pero siempre están con nosotros. Todo lo que vamos haciendo, innovando o necesitando, lo compartimos y sentimos ese respaldo permanente”, explicó. Para la religiosa, esa red de apoyo permite que la misión continúe creciendo y que los adultos mayores no sean vistos como personas aisladas, sino como integrantes activos y valiosos de la comunidad.
La visita dejó también un mensaje dirigido a toda La Quiaca: cuidar a los mayores es una responsabilidad colectiva. Las Hermanas Mercedarias agradecieron especialmente las donaciones, la presencia de los niños y jóvenes de las escuelas, el acompañamiento institucional y cada gesto de solidaridad hacia el hogar. Después de más de medio siglo de servicio, la obra continúa necesitando manos, recursos y nuevas vocaciones. La misión permanece intacta: que ningún abuelo se sienta olvidado y que cada etapa de la vida conserve dignidad, compañía y sentido.
