En una tarde marcada por la emoción y la calidez, la ciudad de La Quiaca se vistió de inclusión para conmemorar el Día de la Diversidad. La celebración, organizada por el Área de Desarrollo Social de la Municipalidad, reunió a niñas, niños y jóvenes del Centro Papa Francisco junto a otros pequeños de la ciudad, en una experiencia comunitaria que combinó juego, actividad física, merienda y reflexión. El encuentro tuvo lugar en las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento, un espacio que por un día se transformó en epicentro de la empatía, la apertura y el encuentro entre distintos.
Acompañados por el personal del área social del municipio, los chicos disfrutaron de actividades recreativas provistas por el área de Deportes, que se sumó con materiales para juegos y dinámicas físicas. La jornada también contó con el aporte del Comedor Mickey, que deleitó a todos con un delicioso bizcochuelo y bolsitas de garrapiñadas, gestos que multiplicaron las sonrisas. La celebración cerró con una ensalada de frutas compartida, signo concreto del valor del cuidado mutuo y del convivir.
Más allá del festejo, el evento sirvió como un poderoso recordatorio: la verdadera discapacidad no está en los cuerpos, sino en las barreras que impone la sociedad. Así lo expresó la licenciada Analía Mur, referente de salud del área de Desarrollo Social, quien remarcó que “la discapacidad son las barreras que pone la sociedad… Cuando uno da la apertura se encuentra con un otro distinto. Somos diversos y distintos”. Su testimonio, profundo y sentido, no solo invitó a pensar, sino a accionar en comunidad con un compromiso activo hacia la inclusión.
Mur también destacó la importancia de tender puentes: “Todos necesitamos apoyo, y que todos seamos ese lugar de conexión para que ellos se sientan cómodos en la sociedad”. Con la voz quebrada por la emoción, relató cómo la jornada permitió compartir con los chicos desde otro lugar, mediante el juego, el baile y la simple pero poderosa experiencia de estar presentes, conectados, reconociendo que cada diferencia es una oportunidad de aprendizaje, no una amenaza.

La diversidad no se celebra con discursos vacíos, sino con gestos concretos de apertura. Por eso esta jornada fue tan significativa. No solo se trató de jugar o merendar, sino de desarmar prejuicios, acercarse sin miedo, y entender que el contacto humano —mirarse, reír juntos, bailar— puede ser revolucionario en una sociedad que aún relega lo diferente. La frase más repetida durante el encuentro fue clara y poderosa: “Ser incluidos” no es un privilegio, es un derecho que interpela a todos.
De cara al futuro, desde el municipio se comprometieron a sostener y multiplicar estas iniciativas. Ya se proyectan actividades para el próximo 3 de abril, con motivo del Día Mundial de Concientización sobre el Autismo. El objetivo es persistente: transformar los espacios públicos en escenarios de igualdad, hacer de la comunidad un tejido de apoyo mutuo, y asumir que la diversidad no es una excepción, sino la esencia misma de lo humano.
Porque al final del día, lo que quedó fue eso: una merienda compartida, un juego, un baile… y la certeza de que en La Quiaca, todos los cuerpos tienen lugar.
