En tiempos donde la desigualdad de oportunidades marca el pulso del país, La Quiaca decidió cambiar la lógica y poner a las personas en el centro de su agenda pública. Con decisión, empatía y una mirada estratégica, el intendente Dante Velázquez concretó un sueño largamente postergado: el funcionamiento del primer servicio de transporte urbano gratuito para estudiantes, jubilados y personas con discapacidad.
Este nuevo esquema de movilidad, operado por la empresa “El Panamericano”, no es sólo una solución logística: es una declaración política de derechos. “El transporte urbano no es un lujo. Es un derecho constitucional. Y en La Quiaca ya es una realidad”, expresó Velázquez en un discurso emotivo que recorrió desde la planificación de la medida hasta el impacto directo en los vecinos.
Conectividad, inclusión y justicia social sobre ruedas
La puesta en marcha del transporte urbano marca un hito en la historia social y urbana de la ciudad más septentrional del país. Durante décadas, cientos de estudiantes debieron caminar largas distancias para llegar a sus escuelas, mientras que jubilados y personas con movilidad reducida enfrentaban serias dificultades para realizar trámites, asistir al médico o simplemente moverse con dignidad.
“Una niña desde el barrio Oratorio que va a la Escuela Técnica, o su hermana que estudia en la Escuela de Minas… hoy viajan seguras, rápido y sin costo. Eso cambia vidas”, relató el intendente, visiblemente conmovido. Lo mismo ocurrió con un vecino del barrio Néstor Kirchner que, tras esperar estoicamente en la primera parada del circuito, fue el primer usuario oficial del servicio y logró completar todos sus trámites diarios en tiempo récord.
“Antes, si tenía dinero, podía hacerlo. Si no, perdía el día. Hoy, el transporte urbano le devolvió tiempo, autonomía y tranquilidad. Ese es el verdadero sentido de gobernar”, subrayó Velázquez.
Un gesto de justicia en una ciudad que siempre dio más de lo que recibió
El transporte urbano gratuito no solo garantiza accesibilidad. También reconecta a los ciudadanos entre sí. En palabras del jefe comunal:
“En las ciudades pequeñas a veces perdemos la costumbre de hablar entre nosotros. Este servicio recupera algo hermoso: la comunión social, el diálogo, la empatía entre vecinos.”
Además de su función social, el servicio tiene una dimensión ambientalmente responsable, con unidades que reducen las emisiones contaminantes y descongestionan el tránsito interno. En tiempos donde se habla de cambio climático y sustentabilidad, La Quiaca da el ejemplo desde la periferia hacia el centro, apostando por un transporte más humano y más verde.
La política al servicio de la dignidad
La implementación del transporte gratuito es parte de una batería de acciones que colocan a la gestión de Dante Velázquez entre las más sensibles y audaces del norte argentino. A contramano de la indiferencia que muchas veces golpea a los pueblos de frontera, su administración escucha, planifica y ejecuta con una impronta cercana y profundamente humana.
En su recorrido inaugural, Velázquez fue abrazado y felicitado por los vecinos, quienes expresaron su alegría, sorpresa y agradecimiento. “Pensé que era una bolsilla, no creí que fuera real. Pero subimos, y ahí estaba. Gracias, intendente”, exclamó una madre que acompañaba a sus hijas a la escuela.
Un mensaje claro: gobernar es acercar derechos
En un país donde muchas veces las urgencias eclipsan los sueños, La Quiaca demuestra que otra política es posible. Una que no se queda en discursos, sino que baja a tierra, sube al colectivo y transforma realidades cotidianas.
“Este transporte no es un favor. Es el resultado de una lucha colectiva, una inversión compartida con la empresa, y sobre todo una decisión política de creer que los derechos se garantizan, no se mendigan”, afirmó el intendente.
Desde ayer, La Quiaca ya no es la misma. Es más libre, más conectada, más igualitaria. Y eso se logra cuando las decisiones se toman con el oído en el pueblo y el corazón en el futuro.
