La Quiaca vive un invierno distinto. En medio de una temporada turística en franco crecimiento, turistas de todo el país eligen el extremo norte jujeño como un destino clave para reencontrarse con la naturaleza, la espiritualidad y la hospitalidad de su gente. Este martes, la plaza Centenario fue el escenario de una postal que resume el fenómeno turístico que atraviesa la ciudad: Miriam y Daniel, una pareja oriunda de Escobar, provincia de Buenos Aires, compartieron su experiencia con emoción y gratitud.
“Nos encantó la limpieza, la tranquilidad, la calidez de la gente. No esperábamos encontrar una ciudad tan bonita y tan viva”, expresaron frente a cámaras mientras recorrían los espacios públicos del centro quiaqueño. Llegaron en una combi rodante como parte de su travesía por todo el norte argentino, y eligieron pernoctar frente a la plaza, donde iniciaron su contacto directo con una ciudad que calificaron como “una joya escondida en la frontera”.
La Quiaca, recientemente declarada municipio turístico, empieza a posicionarse como uno de los destinos emergentes más valorados del NOA, no sólo por su ubicación estratégica, sino por el carácter simbólico que representa “llegar al final del país” y reencontrarse con una Argentina más profunda y originaria.

El testimonio de los visitantes también refleja una creciente valoración por la cultura andina: “Sabíamos de la ceremonia de la Pachamama y de la caña con ruda. En Buenos Aires se habla mucho de esto. ¡Qué emocionante vivirlo acá!”. Miriam y Daniel, ya enterados de la celebración que se realizará este 1° de agosto en el mojón sagrado de la ciudad, prometieron sumarse si la puna no los vence. “Estamos un poco agitados, pero vamos a intentarlo. Esto es otra Argentina”, expresaron.
La articulación del área de Cultura municipal con artistas locales, copleros y ballets tradicionales potencia esta identidad en expansión. A la vista del turismo nacional, La Quiaca ya no es solo un punto de paso hacia Bolivia, sino una experiencia en sí misma: de espiritualidad, memoria y belleza.
Y como afirmaron los protagonistas de esta historia, “el norte no se cuenta, se siente”. Ahora también, se transmite por YouTube y TikTok, de la mano de viajeros como ellos, que desde las cuatro ruedas llevan a todo el país el mensaje simple pero poderoso de un pueblo que late en la altura.
