Con gran entusiasmo y un marcado espíritu de inclusión, La Quiaca vivió dos jornadas históricas de mini básquet en el mini estadio de la Juventud Católica, donde más de 60 niños y niñas, acompañados por sus familias y docentes, participaron de un encuentro formativo guiado por instructores de alto nivel de la Confederación Argentina de Básquet.

Formación con mirada federal
El director nacional de Mini Básquet, Sebastián Rodríguez, encabezó la clínica y destacó la importancia de generar espacios para la niñez y la adolescencia en una ciudad de frontera como La Quiaca:
“Me llevo el calor humano; que desde La Quiaca se generen estos espacios para los chicos es muy importante. No venimos solo a buscar talentos, sino a sembrar la semilla de un deporte que forma en valores y que integra a la comunidad”, expresó.

Durante las jornadas, los chicos pasaron por estaciones de evaluación física, coordinación y fundamentos técnicos, mientras que los profesores locales recibieron herramientas para seguir trabajando en el desarrollo del básquet en la región. Rodríguez también elogió la obra del mini estadio de la Juventud Católica, al que calificó como un espacio de gran valor para potenciar el deporte.
Talento y futuro en La Quiaca
El director nacional señaló que observaron jóvenes con proyección deportiva, entre ellos dos varones y una niña que habían sido previamente detectados en Jujuy:
“Hay talento en La Quiaca, y nuestro rol es abrir puertas para que esos chicos sueñen y se animen a crecer en el básquet”.
El mensaje a los padres fue claro: acompañar y alentar a sus hijos en la práctica deportiva, comprendiendo que los errores forman parte del aprendizaje y que la confianza es esencial para el crecimiento.
Un legado para la comunidad
Rodríguez aseguró que el desafío es dar continuidad a este tipo de encuentros y fortalecer alianzas con municipios, clubes y federaciones para que el básquet se convierta en una opción real de formación para la infancia y la juventud en la Puna.
Con estas jornadas, La Quiaca no solo fue sede de un evento deportivo, sino que se consolidó como epicentro del desarrollo infantil y adolescente del básquet en el norte argentino, demostrando que la pasión por el deporte también florece en las fronteras.
