El concejal Silvano Velázquez salió a ordenar una controversia que desbordó el debate legislativo y se instaló en redes sociales y medios de otras provincias. Negó que el proyecto promueva el sacrificio o el encierro indiscriminado de animales, recordó que la iniciativa continúa abierta a modificaciones y sostuvo que su verdadero objetivo es consolidar una política integral de salud pública, tenencia responsable y protección animal junto con veterinarios, proteccionistas y autoridades de La Quiaca y Villazón.
La discusión comenzó con un proyecto destinado a cubrir una deuda histórica de La Quiaca: establecer reglas claras para la protección de perros y gatos, la tenencia responsable, la prevención sanitaria y la convivencia urbana. Velázquez explicó que la propuesta obtuvo inicialmente el acompañamiento unánime de los seis concejales en el trabajo parlamentario y que nunca fue concebida como un texto cerrado o definitivo. Su intención, afirmó, es que la futura ordenanza sea una construcción colectiva y no una iniciativa personal apropiada por un solo sector.

El ruido institucional apareció cuando comenzaron a circular versiones que asociaban el proyecto con la creación de una “perrera municipal”, la captura masiva y hasta el sacrificio de animales. Esa interpretación fue rechazada públicamente por el Ejecutivo municipal, integrantes del Concejo Deliberante y el director de Zoonosis, médico veterinario Cosme Flores. Las autoridades señalaron que la orientación sanitaria vigente se apoya en castraciones, vacunación antirrábica, concientización y tenencia responsable, no en matanzas ni encierros indiscriminados.
Velázquez fue categórico al afirmar que el sacrificio de animales está expresamente prohibido y que ese principio debe ordenar cualquier discusión posterior. Según relató, antes de llevar el borrador al recinto consultó al doctor Cosme Flores, responsable del área municipal de Zoonosis, y tomó como antecedentes normas provinciales, experiencias de otras ciudades y propuestas elaboradas previamente por organizaciones locales. El edil remarcó que el documento difundido consta de pocas páginas y que se encuentra en proceso de revisión, lejos de la supuesta normativa extensa que maliciosamente sostuvieron algunos que existía.
La controversia, sin embargo, también dejó expuestas objeciones que deben incorporarse al debate. Referentes proteccionistas cuestionaron que el proyecto inicial no precisara suficientemente el financiamiento, los recursos humanos ni los espacios destinados a una eventual intervención sobre animales en situación de calle. Esas críticas no deben ser anuladas: pueden contribuir a mejorar la ordenanza. Lo que Velázquez rechaza es que esos interrogantes legítimos hayan sido convertidos en una acusación de matanza que, según el texto y las autoridades consultadas, no representa el espíritu de la propuesta.
El concejal sostuvo que ya comenzó una mesa de diálogo con proteccionistas de La Quiaca y San Salvador de Jujuy, quienes acercaron sus propios proyectos y observaciones. El objetivo es comparar articulados, sumar experiencias y llegar a una norma modelo, con participación de quienes trabajan cotidianamente en rescates, adopciones, castraciones y educación comunitaria.

La propuesta incorpora además una dimensión fronteriza. Velázquez planteó que la problemática de los animales sueltos no termina en el límite internacional y anticipó un trabajo conjunto con Villazón, veterinarios de ambas ciudades y organizaciones proteccionistas. La intención es consensuar criterios sanitarios compatibles en una zona donde la circulación de personas y animales forma parte de la vida cotidiana. Esa mirada binacional podría convertir una polémica local en una oportunidad para construir una política sanitaria inédita en la frontera.
El respaldo de Cosme Flores adquiere relevancia porque el área de Zoonosis viene desarrollando campañas territoriales de castración, vacunación y concientización. Durante los últimos años, el municipio informó operativos en distintos barrios y advirtió sobre el crecimiento de la población canina y las consecuencias de la tenencia irresponsable. La ordenanza, por lo tanto, no aparece aislada: busca otorgar respaldo normativo y continuidad a una política sanitaria que ya funciona sobre el territorio.
Silvano Velázquez también habló desde su experiencia personal como proteccionista y recordó haber auxiliado a un perro que había quedado casi sin vida durante un espectáculo público. Con ese antecedente, rechazó que se lo presente como impulsor de medidas contra los animales y pidió que La Quiaca sustituya la descalificación por diálogo. La discusión de fondo no debería quedar secuestrada por agravios o lecturas interesadas: la ciudad necesita una ordenanza seria, financiable, humanitaria y técnicamente sólida. El verdadero desafío será transformar esta crisis comunicacional en consenso social y hacer de la protección animal una política pública permanente.
