La ciudad de La Quiaca cerró su Semana de Mayo con un acto profundamente emotivo, que conjugó civismo, historia y un abrazo simbólico a la Argentina entera desde su extremo norte. Pero lo que convirtió al izamiento de la bandera en un hecho inolvidable fue la presencia de turistas llegados desde distintos rincones del país, quienes vivieron con lágrimas en los ojos la solemnidad del momento.
Bajo el cielo frío y diáfano del altiplano jujeño, la bandera celeste y blanca subió al mástil acompañada por la banda de música y el fervor de estudiantes de la Escuela de Minas, padres y vecinos. Lo que parecía una ceremonia local, se transformó en una escena profundamente federal, cuando visitantes de Buenos Aires, Entre Ríos y otras provincias se sumaron espontáneamente al acto, muchos de ellos por primera vez en su vida.
“Ver flamear la bandera en este rincón del país me pone la piel de gallina”, dijo conmovida Miriam Marcili, turista de Lomas de Zamora. Junto a su padre, llegaron por primera vez a La Quiaca y se toparon con la ceremonia casi de casualidad. “Desde chica quise conocer La Quiaca. Hoy lo logré, y además en este contexto… es un regalo”, expresó.

Desde Crespo, Entre Ríos, llegaron Eloísa y Mario Castellarín, quienes no pudieron contener las lágrimas mientras escuchaban el himno en la plaza central:
“Esto falta en muchas partes del país. Ver que aquí, en el Pórtico Norte, se honra la bandera así, nos emociona profundamente. Es una bendición haber estado justo hoy”, dijeron.
Los turistas compartieron también el desayuno patrio con api y tortilla, compartiendo sonrisas y abrazos con madres de alumnos, docentes y autoridades. Nadie era extraño: la patria los había reunido en un mismo gesto.
Los testimonios recogidos durante la jornada confirmaron que La Quiaca no solo es un destino geográfico, sino un símbolo nacional. En sus calles, a más de 3.460 metros sobre el nivel del mar, se vive una Argentina que aún cree en los símbolos, en la educación pública y en el compromiso comunitario.

El profesor Uro, de la Escuela de Minas, lo resumió con sencillez y convicción:
“Estos actos fortalecen la identidad. Y más aún, cuando se suman personas que vienen de lejos y se emocionan junto a nosotros. Ese es el verdadero federalismo: compartir la patria en cada rincón”.
Así, La Quiaca cerró su Semana de Mayo con un acto sencillo pero profundamente simbólico: flamear la bandera nacional con orgullo, acompañados por visitantes que se llevan en el corazón mucho más que fotos. Se llevan un pedazo vivo de historia, civismo y argentinidad.
