La Quiaca está viviendo una transformación cultural silenciosa, disruptiva y a la vez esperanzadora. En la flamante Zona Gamer del Punto Digital CEAR, donde esta semana comenzó el torneo de Counter Strike, el psicopedagogo Luis Mendivil le puso palabras a lo que muchos intuyen: “Los videojuegos ya no son el futuro. Son el presente. Vinieron para quedarse, y el desafío es entenderlos como potencialidad, no como amenaza”.
Con una trayectoria marcada por el compromiso educativo y su participación activa en el Ministerio de Educación de Jujuy, Mendivil decidió no hablar del pasado sino del momento bisagra que atraviesan los vínculos, los aprendizajes y la juventud. “Yo ya pinto 55 años. Vi pasar muchos gobiernos por La Quiaca. No vengo a hablar mal de nadie. Vengo a hablar de lo que puede provocar el mal uso de la tecnología, que no sólo afecta a los chicos. Afecta a todos: oficinistas, docentes, padres. Yo mismo tengo colegas adultos atrapados en el Candy Crush”, dijo ante una sala colmada de jóvenes y familias.

Pero Mendivil no cayó en el lugar común del discurso alarmista. Por el contrario, fue más allá: “100 mil millones de neuronas tenemos cuando nacemos. En la adolescencia hay una poda neuronal, como las podas de los arbolitos que hace el municipio. El cerebro se redefine. ¿Qué mejor momento para canalizar esas redes, esas conexiones, hacia lo que estimula, motiva y conecta como el juego?”. Su intervención generó aplausos y asentimientos entre los presentes.
El psicopedagogo recordó con emoción la primera presentación de los torneos gamer organizada junto al municipio. “Verlos jugar, ver a niños muy chiquitos en comunidad, compartiendo, me dio uno de los mayores placeres. Porque el juego junta. Y si bien hay riesgos, el verdadero problema es no acompañarlos, no comprender, no hablar su lenguaje”.
En este sentido, propuso dos caminos claros: primero, la socialización del juego como experiencia colectiva, comunitaria y orientada a valores. Y segundo, el uso pedagógico y saludable de la tecnología, que debe incluir a la escuela, las familias y las instituciones. “Es hora de dejar de mirar a los gamers como enemigos del aula. Necesitamos que los docentes se actualicen, que comprendan el código cultural en el que crecen nuestros chicos. No podemos seguir explicando el mundo con palabras de 1970”.
Mendivil cerró su participación con una frase potente que hizo eco en los pasillos del Punto Digital:
“No es la tecnología la que nos aísla. Es la soledad con la que la enfrentamos. Si logramos acompañar a nuestros hijos, si jugamos con ellos, si los escuchamos, entonces esta revolución digital será una oportunidad de oro para construir ciudadanía y comunidad”.
Mientras los torneos continúan, La Quiaca va trazando un nuevo sendero. Uno donde el joystick ya no es sinónimo de aislamiento, sino una herramienta de encuentro. Una llave que abre las puertas a otro tipo de futuro, menos prejuicioso y más humano.
