La Quiaca. A veces, la política se expresa más en los gestos que en los discursos. El Día del Profesor dejó una postal que conmovió a la comunidad quiaqueña: la profesora Balvina Tejerina, sorprendida días atrás en su domicilio con la visita del intendente Dante Velázquez y la banda de música municipal, decidió devolver ese gesto con una visita inesperada al edificio comunal.
No pidió audiencia, no llevó reclamos, ni proyectos. Solo quería dar un abrazo sincero de agradecimiento. Y allí, en la puerta del municipio, se produjo el encuentro. Al enterarse de su presencia, el intendente descendió inmediatamente a recibirla. El abrazo, breve pero profundo, fue un símbolo de lo que se construye cuando la gestión pública se vive desde la cercanía y la humanidad. Balvina Tejerina no fué a saludar al intendente, fué a saludar al niño, al alumno.

Una administración que late al ritmo de su gente
El episodio se suma a tantos otros que se van registrando en la gestión de Velázquez: el docente jubilado que anoche se acercó para ponerse a disposición del municipio, ofreciendo su experiencia para ayudar a los jóvenes; los vecinos que cada miércoles, hasta altas horas, dialogan cara a cara con el intendente en las audiencias ciudadanas; y cada familia que, en medio de sus dificultades, encuentra una puerta abierta para ser escuchada.
En este entramado de gestos —algunos pequeños, otros enormes— se va forjando una administración que entiende que gobernar no es imponer, sino convivir, acompañar y también aprender.
La convivencia como bandera
La administración de Velázquez parece encontrar en estas expresiones su mayor fortaleza: la convicción de que el camino hacia la grandeza de La Quiaca se construye entre todos. Una sociedad que no solo exige, sino que también se ofrece; que no solo reclama, sino que también da; que practica la solidaridad como forma de vida.
Un liderazgo político con firmeza
Y en medio del clima nacional, donde el Congreso de la Nación marcó límites al presidente Milei, el intendente quiaqueño nunca se quedó en silencio. Con firmeza, exigió lo que los jubilados merecen y siguió golpeando puertas para que la universidad continúe abrazando a la juventud, convencido de que el futuro de la ciudad depende de cuidar a quienes entregaron su vida al trabajo y de abrir caminos de educación para las nuevas generaciones.
Un norte compartido
El abrazo de Balvina Tejerina al intendente no fue un gesto aislado, sino la metáfora de un pueblo que empieza a reconocerse en sus líderes y en sí mismo. La Quiaca late en cada docente, en cada vecino que espera en las audiencias, en cada joven que se forma para el futuro.
Y en esa convivencia, con entrega y esperanza, se va revelando el destino de grandeza que la ciudad se merece.
