La historia que relata Cruz Valentina golpea directo en el corazón de un problema estructural: qué pasa cuando una emergencia médica ocurre lejos del asfalto, en los campos de la Puna, y el sistema que debería proteger a los más vulnerables no está a la altura.
Según denunció la vecina, su esposo —vecino de la zona rural de Veracruz, departamento Cochinoca— sufrió una descompensación grave el día de ayer. La familia llamó al SAME, la ambulancia llegó al paraje, pero no lo trasladó a ningún centro de salud.
“Yo pensé que lo iba a encontrar mejor, que me iba a reconocer, pero no.
Lo encontré en un estado muy crítico. No hablaba, solo movía las manos y la boca”,
relató Cruz Valentina.
“Está ebrio, se va a recuperar”: la decisión que puede costar una vida
De acuerdo al testimonio de la denunciante, el personal del SAME habría limitado su intervención a una medición básica y habría atribuido el cuadro a un supuesto consumo de alcohol:
“Le tomaron solo la presión en el dedo.
El enfermero le sacó lo que tenía en la boca: coca y dijo:
‘Está bien, está ebrio, se va a recuperar más tarde. Yo no lo puedo llevar así porque voy a tener problemas con la doctora’”.
Ante la insistencia de los familiares, la respuesta —siempre según el relato de la mujer— fue negativa. La ambulancia se retiró y dejó al paciente en el lugar.
“Nos dejó plantados, abandonados.
Mi cuñado le preguntó: ‘Si le pasa algo peor, ¿usted se va a hacer responsable?’
Y se fueron igual.”
En la Puna, donde las distancias son largas, las rutas son difíciles y el frío cala los huesos, una decisión así no es un simple error administrativo: puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Ocho horas después, un traslado por cuenta propia
Sin la respuesta que esperaban del SAME, la familia buscó otra alternativa. Recién a las 20 horas —según el testimonio— una camioneta familiar logró trasladar al hombre hacia La Quiaca:
“Mi cuñada llamó desde Jujuy, rogando que el SAME vuelva.
Al final lo trajimos nosotros en nuestra camioneta porque ya no podíamos verlo así.
Estaba muy grave.”
Ya en el Hospital Jorge Uro de La Quiaca, el cuadro que describió el equipo médico fue categórico, de acuerdo al relato de Cruz Valentina:
“El médico nos dijo: ‘Está grave. ¿Por qué no lo trajeron antes?’
Yo le conté lo que pasó con el SAME.
Me preguntó qué había pasado y le dije: ‘Nos dejaron abandonados’.”
Desde La Quiaca, el paciente fue derivado primero a Humahuaca y luego al hospital en San Salvador de Jujuy. Hoy se encuentra internado en terapia intensiva, según informó la propia denunciante.
No es la primera vez: “Ya había pasado antes”
La gravedad del caso se potencia por un dato que la vecina remarcó con fuerza:
“No es la primera vez.
Hace un mes también lo mismo: tuvo varios desmayos en el campo, fue el SAME y tampoco lo quisieron traer.
Recién cuando se desmayó delante de ellos lo trajeron.
Y ni siquiera al hospital: lo dejaron en mi casa.”
No se trata, entonces, de un hecho aislado en la percepción de la familia, sino de un patrón que, de confirmarse, habla de falla sistemática en la atención de emergencias en la ruralidad puneña.
Emergencias en la Puna: cuando la geografía no puede ser excusa
La Puna tiene condiciones difíciles: distancia, altura, caminos de tierra, frío, aislamiento.
Precisamente por eso existen servicios como el SAME: para garantizar el derecho a la salud y a la emergencia médica, aun en los territorios más alejados.
Si la denuncia es tal como la relata Cruz Valentina, estamos frente a un caso que exige:
- Investigación administrativa urgente dentro del SAME.
- Revisión de protocolos de atención en zona rural.
- Definición clara de criterios para el traslado de pacientes en riesgo, aun cuando exista duda diagnóstica.
- Acompañamiento institucional y legal a la familia.
Un servicio de emergencias no puede seleccionar a quién traslada y a quién no en base a suposiciones sobre consumo de sustancias, ni puede desestimar un cuadro grave en una zona rural donde las familias no tienen otra respuesta inmediata.
Exigencia de respuestas claras
Cruz Valentina ya radicó denuncias formales y volvió a presentarse para ampliar su exposición:
“Ayer hice una denuncia, hoy vine a hacer otra.
Si le llega a pasar algo, ¿quién se va a hacer responsable?
Yo tengo varios hijos, no puedo quedar así.”
Ahora es el turno de las instituciones:
- SAME
- Ministerio de Salud,
- y la Justicia, si corresponde,
deberán explicar qué pasó, revisar la actuación del personal interviniente y garantizar que una situación así no vuelva a repetirse en Veracruz, ni en ningún punto de la Puna jujeña.
No se trata solo de un caso. Se trata del mensaje que recibe toda la ruralidad:
¿el Estado llega cuando lo necesitan o los deja solos?
Mientras un vecino lucha por su vida en terapia intensiva, la pregunta es incómoda, pero inevitable:
¿cuántas veces más deberá la Puna gritar para que la escuchen?.
