La Quiaca, 12 de enero del 2026 // En La Quiaca, el carnaval no es una fecha: es una memoria colectiva que se baila. No se trata únicamente de música y brillo, sino de una ceremonia popular que condensa identidad andina, devoción, comunidad y oficio. En ese espíritu, la fraternidad La Diablada abrió una convocatoria que merece ser leída como lo que realmente es: una invitación a integrar cultura viva.
El responsable de la fraternidad, Luis Gutiérrez, anunció el inicio de ensayos y llamó a toda la comunidad—especialmente a quienes sueñan con vestir un traje y entrar al ritmo de una tradición enorme—para sumarse a la comparsa. “La puerta de esta fraternidad siempre está abierta”, expresó, señalando que la convocatoria incluye a los fraternos del año pasado y también a quienes quieran incorporarse por primera vez.

Pero lo que vuelve esta convocatoria singular es el gesto que la acompaña: Gutiérrez afirmó que este año se entregarán trajes completamente gratis, traídos desde Oruro, como cumplimiento de una promesa hecha a la Virgen del Socavón. “Sin que pongan un peso en el tema de la ropa”, sostuvo, en un anuncio que no solo alivia una barrera económica, sino que convierte el acceso a la danza en un acto de equidad cultural: que el talento y las ganas pesen más que el bolsillo.

Según detalló, los trajes incluyen una estructura completa para una puesta tradicional y potente: luciferes, tentaciones, virtudes, pecados (hombres y mujeres), diablos, diablesas, chinamayores y el arcángel Miguel, una composición que no es azarosa, sino parte de una dramaturgia ancestral que en el Norte se entiende con el cuerpo: la danza como narración y como promesa.

Los ensayos se realizarán en Avenida Bolívar N° 500, y comenzarán a partir de las 20:00. Habrá cupos limitados y Gutiérrez fue explícito: no habrá excepciones por antigüedad; “acá hay que llegar primero”, remarcó, subrayando que la organización busca orden, compromiso y disciplina.
La historia detrás también pesa: Luis Gutiérrez recordó que está al frente desde la fundación de la fraternidad, en 1997, y agradeció el acompañamiento de su familia, vecinos y una comisión que se formó el año pasado, que sostiene el trabajo cotidiano que hace posible la comparsa. Además, anticipó que el año también trae objetivos mayores vinculados a la devoción, como avanzar en un proyecto relacionado al monumento de la Virgen del Socavón, reforzando que esta propuesta no es solo artística, sino comunitaria.

En tiempos donde muchas veces lo cultural se reduce a espectáculo, La Diablada propone pertenencia. Ensayar es más que practicar pasos: es aprender códigos, respetar una tradición, sostener la fe, y representar a La Quiaca con una puesta que tiene peso simbólico a nivel regional. Por eso, esta convocatoria no es solo para bailar: es para ser parte de algo que trasciende.
Quien tenga el deseo, que se acerque. En el Norte, la cultura no se mira: se integra.
