La 2ª Feria Andina Regional se realizó hoy en Plaza Centenario con una fuerte presencia de productores, artesanos, tejedoras, emprendedores y comunidades de distintos puntos de la puna. Verduras naturales, papas andinas, chuño, pan casero, tejidos de llama y oveja, plantas, repostería y trabajos en alpaca fueron parte de una jornada que volvió a mostrar la riqueza productiva y cultural del norte jujeño.
La Quiaca, 12 de marzo del 2026 // La Plaza Centenario volvió a convertirse hoy en un gran punto de encuentro entre la producción local, la cultura andina y el trabajo de comunidades y emprendedores que llegaron desde distintos lugares para participar de la 2ª Feria Andina Regional, una propuesta que reunió alimentos, artesanías, tejidos, plantas, repostería y múltiples expresiones del trabajo puneño.
Desde temprano, los vecinos de La Quiaca comenzaron a recorrer los distintos stands y a encontrarse con una postal que ya empieza a consolidarse como una de las más valiosas de la agenda local: la de las comunidades mostrando lo que producen, lo que siembran, lo que hilan, lo que tejen y lo que sostienen con esfuerzo cotidiano.
Entre los primeros espacios visitados estuvo el de la comunidad de Escaya, que llegó con producción del campo. Allí se ofrecieron papas, ajos, zanahorias, zapallitos, ruda, palma de olor y otras verduras naturales. La invitación fue clara: apoyar a quienes trabajan la tierra y traer esa producción directamente a la feria para que llegue sin intermediarios a la mesa de la comunidad.
También dijo presente Yavi, con productos frescos y naturales como apio, acelga, flores, cebolla blanca y morada, ajo, haba, zanahoria y papa. La oferta mostró, una vez más, que la región tiene capacidad para producir variedad y calidad, con alimentos nacidos del trabajo directo de sus pobladores.
La localidad de San José se sumó con una fuerte presencia de productos tradicionales, entre ellos distintas variedades de papa, cebolla morada, chuño, ajo, apio y cebollín, permitiendo que muchos vecinos se reencontraran con sabores y nombres muy propios de la zona. La feria, en ese sentido, no fue sólo un espacio comercial: fue también una reafirmación de identidad alimentaria y cultural.
El sector textil y artesanal tuvo un protagonismo especial. Desde Barrios, una artesana exhibió prendas confeccionadas en lana de llama y oveja, con chalecos, medias, guantes y otras piezas pensadas para el frío puneño. El mismo espíritu se vio en el stand de la comunidad aborigen de Mina Puma Wasi, donde se ofrecieron chales, ponchos, medias y guantes, destacando el valor térmico y tradicional de estas fibras.

A la feria también llegaron productores de Piedra Negra, que llevaron hilo de llama y de oveja, mostrando otro eslabón del trabajo textil regional: no sólo la prenda terminada, sino también la materia prima para quienes tejen y producen a partir de estas fibras. Incluso desde La Quiaca hubo presencia local con la venta de hilo de llama, confirmando que la ciudad también participa activamente de esta cadena de producción artesanal.

Uno de los referentes que aportó identidad cultural fue Osito Martínez, quien se presentó con trabajos en alpaca, entre anillos, dijes, colgantes y piezas talladas, además de las tradicionales lajas, siempre tan buscadas como recuerdo, objeto de regalo o símbolo local. Su presencia volvió a remarcar que la feria es también una vidriera del arte quiaqueño.

La propuesta incluyó además al área de Espacios Verdes, que se sumó con la venta de plantas del vivero municipal, con precios accesibles y una oferta destinada tanto al embellecimiento del hogar como al cultivo doméstico. También se ofreció abono natural, ampliando la variedad de productos presentes en la jornada.

El sector gastronómico tuvo un lugar destacado. Hubo repostería con tartas, pastafloras, miguelitos, manzanas, bizcochuelos y empanaditas de queso, además del siempre valorado pan casero hecho en horno de barro, una de esas presencias que conectan con la cocina de raíz, la tradición y el sabor de lo auténtico.
La feria volvió a mostrar, en definitiva, que La Quiaca tiene en estos encuentros una herramienta potente para fortalecer el comercio de cercanía, visibilizar a las comunidades, darle espacio al productor regional y revalorizar oficios, saberes y productos que forman parte del ADN de la puna.
La 2ª Feria Andina Regional no fue solamente una jornada de ventas. Fue una expresión concreta de economía popular, cultura viva y pertenencia. Un espacio donde la producción se muestra con nombre propio, con historia, con trabajo y con rostro humano.
