La Municipalidad de La Quiaca impulsó la primera edición del Vía Crucis Viviente, una propuesta que combinó fe, creatividad, reflexión y participación comunitaria en tiempos de Pascua. Con personajes caracterizados, un extenso recorrido por distintos puntos de la ciudad y el acompañamiento de áreas municipales, la iniciativa dejó un mensaje profundo y abre la puerta a consolidarse como un hito cultural y espiritual de gran proyección para La Quiaca y Jujuy.

La Quiaca, 27 de marzo del 2026 // La ciudad de La Quiaca vivió una jornada distinta, intensa y cargada de sentido con la realización de la primera edición del Vía Crucis Viviente, una iniciativa organizada por áreas de la Municipalidad que logró transformar la ciudad en un gran escenario de fe, devoción y encuentro colectivo. En tiempos de Pascua, la propuesta no solo revivió la pasión de Cristo, sino que además dejó una imagen poderosa de comunidad, compromiso y creatividad puesta al servicio de un mensaje espiritual profundo.

El punto de partida fue la primera estación, ubicada en el edificio de Desarrollo Social, donde comenzaron a verse los frutos del trabajo previo: personajes con atuendos de época, escenas cuidadosamente representadas y una organización que buscó dar contenido, forma y emoción a cada tramo del recorrido. Desde allí, el Vía Crucis avanzó por distintos sectores de la ciudad, con una puesta que fue creciendo estación tras estación y que combinó recogimiento religioso con presencia activa del municipio.

El trayecto incluyó una extensa secuencia de paradas que atravesó buena parte de La Quiaca: desde Desarrollo Social, por Deporte CeAR, Terminal, Hotel de Turismo, Espacios Verdes, Tránsito, Cementerio, Limpieza Urbana, Obras Públicas, Comedor Mickey, Banda de Música, Bromatología, Mercado La Lucía y finalmente la última estación en el Municipio, a cargo del área de Personal. Lejos de ser un simple acto simbólico, el recorrido tuvo cuerpo, presencia territorial y una fuerte conexión con los vecinos que se sumaron a acompañar cada momento.
Uno de los aspectos más valiosos de esta experiencia fue su dimensión comunitaria. En cada estación se ofreció alguna bebida o comida para quienes participaron del recorrido y revivieron la pasión de Cristo, generando no solo una experiencia religiosa, sino también un gesto concreto de hospitalidad y encuentro. Esa combinación de fe y comunidad le dio al evento una densidad especial, convirtiéndolo en una propuesta que no quedó encerrada en lo ceremonial, sino que salió al espacio público y abrazó a la ciudad.

Además, el Vía Crucis contó con el acompañamiento de la hermana Pascuala y de distintas áreas municipales, consolidando una articulación poco habitual pero muy potente entre espiritualidad, organización institucional y participación ciudadana. Allí aparece uno de los datos más importantes de la jornada: cuando una iniciativa de fe logra además convertirse en una expresión cultural con identidad local, empieza a construir algo más grande que un evento aislado. Empieza a construir tradición.

En la última estación, el intendente reflexionó sobre la fecha, agradeció a todo el personal municipal por la escena vivida, por la creatividad en las vestimentas y por el compromiso demostrado en cada tramo del recorrido. Pero dejó también una frase que resume el corazón de la jornada: “solamente la fe y la esperanza serán capaces de transformar nuestra ciudad de La Quiaca”. No fue una frase decorativa. Fue la síntesis de una apuesta.

Porque si esta iniciativa crece, se consolida y se perfecciona con el tiempo, La Quiaca podría estar frente al nacimiento de un verdadero hito cultural y de fe, con capacidad de convocar, emocionar y dejar una marca propia en el calendario religioso y comunitario de Jujuy. El primer Vía Crucis Viviente no fue solo una actividad más de Semana Santa: fue una señal de que la ciudad también puede expresar su identidad desde la espiritualidad, el arte callejero, la organización y el encuentro entre vecinos.
