Hay aniversarios que no se miden en fechas, sino en huellas. El Instituto de Educación Superior Nº1 de La Quiaca ha cumplido 50 años de historia, de lucha, de sueños y de transformación colectiva. Lo que comenzó como un pequeño espacio de formación hoy es un faro regional, con edificio propio, más de mil estudiantes y una comunidad que lo reconoce como un pilar fundamental del desarrollo de la ciudad y del norte jujeño.
La celebración de estas bodas de oro fue mucho más que un acto protocolar: fue un reencuentro de generaciones, un abrazo entre docentes jubilados, alumnos actuales, egresados, ex rectores y vecinos que vieron crecer al instituto como se ve crecer a un hijo, con esfuerzo, orgullo y esperanza.
Simón Carrillo, actual rector del IES, fue la voz institucional en esta jornada inolvidable:

“Hoy es un día de fiesta para todos. El instituto fue creciendo año tras año. Pasamos de ser una institución modesta a tener más de mil alumnos, múltiples carreras y un edificio propio que simboliza la lucha colectiva de esta comunidad”, expresó con emoción.
Agradeció a quienes hicieron posible esta historia: ex rectores como Mario Fidel Tolaba, profesores, estudiantes que vendieron empanadas para comprar el terreno, gestiones que impulsaron su infraestructura y, por sobre todo, a la comunidad quiaqueña que abrazó al instituto como propio.

“Este instituto es de todos. Es de La Quiaca y de cada joven que busca un futuro con dignidad”, subrayó Carrillo, y anunció que ya trabajan en nuevas ofertas académicas, fruto de un relevamiento regional de necesidades. “El IES no para. Vamos por más. Siempre hay que mejorar y soñar un poco más alto”, cerró.
Pero si hubo una voz que desbordó ternura y memoria, fue la de Graciela Galván, profesora jubilada del IES, que regresó para vivir este aniversario con sus colegas y exalumnos:
“He visto pasar muchas generaciones. Me siento feliz, emocionada. Esta institución la quiero con el alma. La Quiaca entera debería celebrar este cumpleaños, porque este lugar formó a buena parte de sus hijos”, dijo con los ojos húmedos y una sonrisa serena.
El acto se desarrolló en el nuevo edificio del instituto, el mismo que durante décadas fue anhelo y hoy se alza como símbolo de lo que se puede lograr con unidad, compromiso y visión. La presencia del Ejecutivo Municipal, representado por la presidenta del Concejo Deliberante Mirtha Moscoso, y numerosas delegaciones institucionales, reafirmaron el carácter estratégico de este espacio formador.
50 años no son solo un número. Son la certeza de que la educación pública en la Puna no solo resiste: florece.
En cada egresado que enseña en escuelas rurales, en cada técnica que trabaja en centros de salud, en cada formador que multiplica saberes en otros puntos del país y del extranjero, late el corazón del IES Nº1.
Un corazón que seguirá latiendo fuerte, al ritmo de su comunidad.
