En un contexto donde las estadísticas dejan de ser números para transformarse en rostros concretos, la ciudad de La Quiaca se convirtió en epicentro de una de las acciones más necesarias y valientes del presente: el abordaje integral y conjunto de la salud mental. La visita oficial de autoridades del Ministerio de Salud de la provincia de Jujuy, encabezadas por el secretario de Salud Mental, Agustín Yécora, junto a los licenciados Hugo Martínez (director provincial intrahospitalario y de urgencias) y Ariel Ramos (director administrativo de Salud Mental y Adicciones), marcó un nuevo hito en la agenda sanitaria de la región.
Fueron recibidos por el intendente Dante Velázquez, quien desde el primer momento subrayó la gravedad del escenario actual: “Los indicadores son alarmantes. La salud mental ya no es un tema periférico: es una urgencia que nos interpela como comunidad, como instituciones y como Estado.”
La conferencia de prensa conjunta con el Ejecutivo Municipal no fue un acto protocolar: fue un acto de compromiso público, donde se delinearon los ejes de una planificación integral, con perspectiva territorial, transfronteriza y profundamente humana.
La salud mental como política pública urgente
“La Quiaca no es solo un punto geográfico; es un nodo social y cultural con más de 25 mil habitantes, atravesado por fenómenos complejos como la migración constante, la exclusión, el desempleo, las adicciones y la falta de contención familiar”, destacó Velázquez. Y agregó: “Somos la primera puerta de contacto ante el dolor social. El municipio es muchas veces el primer lugar donde alguien golpea buscando ayuda. Por eso, tenemos que estar preparados.”
Agustín Yécora, por su parte, fue categórico al describir el enfoque del Ministerio: “La salud mental es transversal. Atraviesa edades, géneros, clases sociales. Nos preocupa especialmente la franja entre los 12 y los 17 años, donde aparecen los primeros signos de alerta: depresión, ansiedad, aislamiento, consumo problemático. Uno de cada tres adolescentes reconoce que no tiene con quién hablar cuando sufre un problema grave. Eso es gravísimo.”
Desde el Ministerio se busca implementar un Centro de Escucha Adolescente, profundizar las estrategias territoriales y realizar, en mayo, un relevamiento de prevalencia e incidencia que permita contar con datos locales, específicos de La Quiaca y su región de influencia. “No podemos tomar decisiones para Perico o San Salvador y aplicarlas igual acá. La realidad quiaqueña tiene otros códigos, otras urgencias”, remarcó Yécora.
Acciones inmediatas y trabajo en red
Entre las medidas inmediatas anunciadas, se destacó la ampliación de la guardia de salud mental del Hospital Jorge Uro, la reactivación del DIAP como centro modelo de contención y asistencia, y la articulación con instituciones educativas para el trabajo preventivo en escuelas. “La violencia, el bullying, el uso tóxico de redes sociales, el abuso y las adicciones ya no pueden tratarse por separado. Debemos intervenir de forma integral y desde edades tempranas”, agregó el licenciado Hugo Martínez.
El 0800-888-4767, línea gratuita de atención las 24 horas, junto al botón digital de salud mental del Ministerio, fueron presentados como herramientas accesibles y fundamentales para descomprimir la atención en centros médicos y llegar antes a quienes atraviesan una crisis.
Salud mental en la frontera: un desafío transnacional
El intendente Velázquez fue enfático al señalar la complejidad de la frontera: “Somos una ciudad espejo con Villazón, Bolivia. Las problemáticas no tienen pasaporte. Las familias viven a ambos lados. La presión social, la informalidad económica, la marginalidad y el consumo cruzan el puente todos los días. Y por eso, nuestro abordaje debe ser mucho más que una política sanitaria: debe ser una política humana, inteligente y persistente.”
Anticipó también que, en los próximos días, se firmará un convenio específico con el Ministerio para mejorar la infraestructura del DIAP, consolidándolo como un faro en el norte provincial. “No podemos permitir que el sufrimiento emocional siga creciendo en silencio. No se trata de reaccionar con diagnósticos tardíos, sino de prevenir con abrazos tempranos, escucha atenta y presencia estatal efectiva.”
Una comunidad que no se calla
El mensaje fue claro: la salud mental no puede seguir siendo el último eslabón del sistema de salud. Requiere planificación, inversión, capacitación y, sobre todo, voluntad política sostenida. En La Quiaca, esa voluntad está en marcha.
Y si bien los desafíos son inmensos, la decisión también lo es. Porque —como dijo uno de los funcionarios— la salud mental no es solo la ausencia de enfermedad, es el derecho a una vida con dignidad, afecto y sentido. Y ese derecho no admite más postergaciones.
