La institucionalidad está para cumplirse, y en La Quiaca, la actual gestión municipal lo está demostrando con hechos, compromiso y transparencia. La reciente controversia por la casilla número 9, ubicada en el playón de avenida La Madrid, puso en evidencia un entramado de irregularidades, amenazas veladas y manipulación de sectores vulnerables que hoy se topa de frente con una administración firme, legalista y decidida a defender los derechos de quienes verdaderamente lo necesitan.
El conflicto surge a partir de la recuperación de una caseta que llevaba más de un año cerrada, sin actividad comercial, sin pago del canon locativo, sin justificativos administrativos, y que, según numerosos testimonios —incluidos los de trabajadoras de la zona— era manejada por una estructura política ya conocida en la ciudad: la que orbitaba alrededor del exintendente Blas Gallardo y su exsecretario de gobierno, Hugo Chavarría. Esta organización, que incluso ha sido señalada por cobros indebidos a mujeres trabajadoras beneficiarias del programa Potenciar Trabajo, vuelve a ocupar la escena, esta vez para impedir que otra mujer, madre de un niño con discapacidad, acceda al uso legal de ese mismo espacio para trabajar y generar ingresos.
Una gestión que respeta las reglas, paso a paso
La jefa de Gabinete, Fabiana González, fue contundente en la reciente conferencia de prensa: “Todo el procedimiento fue transparente, se respetaron los plazos, se enviaron las notificaciones, y se otorgó la casilla a quien verdaderamente la necesita y quiere trabajar”. Las notificaciones a la anterior tenedora, Rosmery Vargas Copa, comenzaron en julio del año pasado. En ningún momento la involucrada se presentó a regularizar su situación. La municipalidad siguió el camino administrativo que establece la normativa vigente, y tras el vencimiento de los plazos, se procedió a la recuperación de la casilla en febrero de este año. El otorgamiento a la señora Liliana Churquina se realizó conforme a derecho.

La pregunta es inevitable: ¿por qué Rosemary nunca utilizó el espacio para trabajar si decía necesitarlo? ¿Por qué reaparece ahora, de la mano del exsecretario Chavarría y una estructura política que intenta manipular la narrativa como si se tratase de una cuestión de género, cuando en realidad se trata de responsabilidad, transparencia y cumplimiento legal?
La manipulación no es militancia, es extorsión
La gravedad de los hechos no se limita al conflicto por un puesto de trabajo. Según denunció la propia jefa de Gabinete, Chavarría utiliza a mujeres de su agrupación como escudos humanos. Las pone al frente, les entrega carteles ofensivos y se esconde tras ellas para no dar explicaciones. “Si eso no es misoginia, ¿entonces qué es?”, interpeló Fabiana González, visiblemente conmovida.
El exfuncionario reapareció en escena únicamente para consultar “qué pasaba”, sin argumentos ni amparos judiciales que respalden su postura. La municipalidad, por el contrario, exhibe toda la documentación, fechas, firmas y actuaciones legales. “No gobernamos para un grupo político, ni para una organización. Gobernamos para toda la comunidad de La Quiaca”, sentenció González.
No es una casilla, es un modelo el que está en juego
La caseta número 9 representa hoy mucho más que un punto de venta. Representa dos modelos opuestos: el de la vieja política que reparte espacios como favores partidarios, que cobra peajes a las mujeres más pobres, que manipula y oculta, contra una nueva gestión que escucha, actúa, respeta los procedimientos y prioriza a quienes de verdad trabajan.

La beneficiaria actual, Liliana Churquina, también madre de un hijo con discapacidad, no solo enfrentó el abandono y la falta de oportunidades, sino ahora también la violencia simbólica y real de quienes quieren impedirle trabajar. El municipio actuó correctamente, y la justicia social debe completarse permitiéndole a ella —no a los punteros— desarrollar su actividad en paz.
Fabiana González: una voz firme por la verdad
En un municipio donde la mitad de la conducción es femenina, y donde jamás, según su propio testimonio, se ha faltado el respeto ni a trabajadoras ni a funcionarias, se vuelve inadmisible que los sectores del pasado usen el discurso de género como herramienta de manipulación. “Hay hombres que hacen abuso del nombre de sus mujeres para esconderse detrás de ellas”, sentenció González. Esa frase resume todo. “Además rechazamos el ataque permanente y sistematico a la figura de nuestro intendente, quien jamás permitiría, ni ejercería discriminación o maltrato hacia una mujer”, declaró Gonzalez.
La comunidad de La Quiaca merece verdad, legalidad y justicia. Hoy, el municipio liderado por un equipo plural y comprometido, da una lección de cómo enfrentar la extorsión política con firmeza, y cómo defender el trabajo genuino sin perder humanidad.
