Queridas familias quiaqueñas:
Estamos llegando al final de un año que nos encuentra con el corazón lleno. Se acercan la Navidad y el Año Nuevo, y con ellos esa pausa necesaria para mirar alrededor: la mesa, los afectos, las ausencias, los sueños que aún no se dijeron en voz alta. En este tiempo tan sensible, quiero hablarles con sinceridad y con gratitud, porque el municipio no es un edificio: el municipio es la gente. Es cada familia. Es refugio cuando falta todo, es trampolín cuando hay que volver a empezar, es aliado cuando el camino se hace cuesta arriba.
2025 fue un año de decisión. Un año para dejar de pedir permiso y empezar a construir. Un año para asumir que, cuando el centralismo recorta y la burocracia se atrinchera, La Quiaca no puede resignarse a ser un satélite periférico esperando migajas. Por el contrario: elegimos pararnos desde la autonomía, desde nuestra identidad y desde un ADN ancestral que nos precede —en términos simbólicos— porque estas tierras ya tenían historia, comunidad y cultura antes de que existiera la República.
No lo digo para confrontar: lo digo para despertar conciencia. Porque cuando no se cumple lo que corresponde, cuando se ajusta a los municipios y se diluyen compromisos como la coparticipación municipal, queda una alternativa: gestión 24/7, codo a codo con los empleados públicos y con los vecinos. Sin excusas. Sin maquillaje. Con trabajo.
Y en 2025, trabajamos.
Lo hicimos con obras concretas que no son “cosas”: son derechos, son dignidad, son futuro:
- La cancha de la Juventud Católica, como espacio de encuentro, deporte y contención.
- La remodelación y puesta en valor del Hotel de Turismo, para que La Quiaca reciba, aloje y proyecte.
- El avance institucional para consolidarnos como Municipio Turístico, porque ya somos parte de la agenda provincial y nacional: no por capricho, sino por mérito y visión.
- El asfalto en Avenida La Madrid, porque la infraestructura también es respeto por el vecino y por la circulación de la vida diaria.
- La limpieza y el ordenamiento en calles del barrio 7 de Junio, Ruta 5 y barrio Santa Clara, recuperando espacios y mejorando la convivencia.
- El trabajo interinstitucional con las escuelas y agua potable, porque cuando el Estado se articula, la comunidad respira.
- La extensión de la red de agua potable en Santa Teresita, y la extensión de red cloacal en Nazareth y ahora en el barrio Esperanza: obras que no se aplauden por estética, sino por impacto real en la salud y la vida cotidiana.
- El Centro Cultural, que ya no es promesa: es una realidad que crece y que nos va a posicionar como polo cultural en el corazón andino de Sudamérica.
- Y la decisión de abrir las puertas del municipio con audiencias todos los miércoles, porque gobernar también es escuchar, dar la cara y construir confianza.

Este es el cambio de paradigma: dejar de ser frontera para ser centro. De pórtico norte a canal de comunicación sostenida con Sudamérica. De “lo lejano” a “lo estratégico”. Y en esa visión, La Quiaca es más que un punto en el mapa: es un proyecto vivo.
Por eso digo que La Quiaca ahora es Manka: un renacer en conciencia activa. Un vigor nuevo. Una manera de mirarnos y de entender que el futuro no llega solo. Se fabrica. Se defiende. Se trabaja.
Y sí: me hago cargo de las críticas. Porque quien conduce no se esconde. Quejarnos menos y trabajar más fue y será el rumbo. Con más humildad, con más disciplina, con más cercanía. Dentro del marco de la ley y las buenas costumbres, sin distinción ideológica, porque en La Quiaca nadie sobra. Todos somos protagonistas.

En estas fiestas quiero desearles lo mejor. Que haya paz en los hogares, que abrace fuerte la esperanza, que la mesa sea encuentro, que el dolor encuentre compañía, y que la alegría sea compartida. Que el municipio sea lo que tiene que ser: un asociado de cada familia, un confidente que escucha, un seguidor de proyectos, un apostador de sueños, un aliado que empuja cuando cuesta.
Y mirando hacia 2026, les digo con convicción: vamos por el mejor año de la historia quiaqueña. No por slogan. Por decisión colectiva. Porque nadie se salva solo. Porque La Quiaca ya entendió que el camino es hacer más y hablar menos. Y porque cuando un pueblo se pone de pie, no hay recorte que lo condene ni burocracia que lo detenga.
Gracias, de verdad, por el esfuerzo cotidiano. Gracias a los empleados municipales que sostienen la ciudad con trabajo real. Gracias a cada vecino que exige, propone, acompaña y empuja. Sigamos unidos. Sigamos trabajando. Sigamos siendo La Quiaca.
¡Feliz Navidad y un próspero 2026 para cada familia quiaqueña!
